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MIRADOR

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en la Moncloa.

JUAN MANUEL PRATS

Chupinazo en la Moncloa

Carmen Juan

Todo se conjura para que Rajoy se mueva con Catalunya, y no solo a través del Constitucional

La reunión en la Moncloa de un presidente del Gobierno y del líder del principal partido de la oposición no debería ser noticia, pero dadas las características de los personajes, ha despertado la misma expectación que una conjunción planetaria. Mariano Rajoy y Pedro Sánchez se llevan mal, su falta de química es evidente, incluso antes de que Sánchez acusara a Rajoy de deshonesto y este le respondiera con un confuso “ruín” en un debate electoral que marcó un punto de inflexión en sus relaciones.

Rajoy y Sánchez se han reunido seis veces y salvo la primera vez, recién elegido Sánchez secretario general del PSOE, sus encuentros nunca han sido especialmente cordiales. En el último, hace un año, ni se dieron la mano y tuvieron que hacer tiempo para no salir de inmediato sin nada que decirse. Imagino el chasco de Rajoy al descubrir que los militantes del PSOE le obligaban de nuevo a entenderse con ese “insensato sin escrúpulos”. A Rajoy le ha costado digerirlo, ha tardado mes y medio en citarlo a una reunión. Máxima expectación.

Nada más llegar Sánchez a la Moncloa empieza el escrutinio para decodificar el lenguaje no verbal. Rajoy sale a recibirlo, pero no baja los escalones. La lluvia es una buena excusa. Ambos sonríen ligeramente, Rajoy relajado sin ese tic que le entra en las cejas cuando está tenso. Ambos americanas oscuras. El presidente con una corbata discreta, Sánchez sin ella. Apretón de manos, rápido, manteniendo las distancias. Comentarios sobre el tiempo, sonrisas hacia los gráficos. Un ligero saludo a la prensa y sin más roce corporal entrada en la Moncloa.

En la escena del sofá, ambos se sientan en ángulo, piernas abiertas en perfecto 'manspreading', cuerpo hacia delante y manos juntas a la altura de la rodillas. No es una postura relajada, tiene algo de agresiva y arrogante. El lenguaje corporal revela que en el fondo los dos son iguales. La reunión se cronometra, dos horas y media. Todo en orden. La reunión ha sido cuidadosamente preparada, Rajoy y Sánchez solo han hablado de lo que les une: la UE, Siria, Venezuela, el terrorismo y la seguridad nacional y, "en quinto lugar”, Catalunya.

Atención al ordinal usado por el portavoz del Gobierno, Méndez de Vigo. En este territorio ambos van pisando huevos, pero coinciden en que es inaceptable el referéndum de secesión. La reunión no aporta otras novedades, no estaba diseñada para eso, sino para restablecer la normalidad entre los líderes de los dos grandes partidos. Objetivo conseguido. La advertencia la ha puesto Margarita Robles: si no hay diálogo político del Gobierno con Catalunya, el PSOE tomará iniciativas.

Lo había adelantado Sánchez en Twitter antes de su reunión: “El PSOE siempre va a estar del lado de la Constitución, pero es importante dar un paso y una salida política a Catalunya”. Todo se conjura para que Rajoy se mueva y no solo a través del Constitucional. Se ha lanzado el chupinazo en Moncloa, o se corre bien el encierro o se acaba empitonado.