01 abr 2020

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El órdago independentista

Acto de presentación de la ley del referéndum en el auditorio del Parlament.

Un día echaremos la vista atrás

Joan Botella

Hay que hablar de un doble choque: un enfrentamiento duro con las autoridades centrales y otro distinto pero no menos duro entre los dos mundos del catalanismo

Ahora ya lo sabemos todo: tras la fecha y la pregunta, se ha anunciado (en el edificio del Parlament, pero no en el Parlament) la regulación del referéndum del 1 de Octubre. No sabemos para qué servirá ese referéndum: la 'ley de transitoriedad' sigue oculta, de modo que no se sabe qué ocurriría tras la eventual aprobación de la propuesta.

Funcionarios, medios de comunicación, ciudadanos (que pueden ser designados por sorteo miembros de las mesas electorales), autoridades públicas: todos podemos conocer nuestro papel. Una ley de uso único, destinada exclusivamente a regular ese referéndum (adiós, Rousseau, que aspirabas a que las leyes tuviesen carácter general), se aprobará en algún momento de agosto, probablemente en lectura única y sin enmiendas.

Solo que… solo que sigue sin haber acuerdo con Madrid o con las autoridades comunitarias, ni un apoyo mayoritario en la opinión pública, ni cohesión política en el seno del mundo independentista, ni una información clara sobre las consecuencias hipotéticas de esa consulta.

Puede haber quien crea sinceramente que el choque frontal puede ser la solución del problema; pero hay que hablar de un doble choque: un enfrentamiento duro con las autoridades centrales y un enfrentamiento distinto pero no menos duro entre los dos mundos del catalanismo. Forzar una decisión estrictamente mayoritaria sobre estas cuestiones esenciales, rompe la unidad política del catalanismo, y corre el riesgo de invalidarlo como un actor clave para todo proceso de reforma institucional en profundidad.

Una vieja canción de Bruce Springsteen reza así: "Un día echaremos la vista atrás, y todo esto nos parecerá divertido". Tal vez. Pero si lo que importa es que acabe bien, no habrá más remedio que empezar a reconstruir la unidad política y civil del catalanismo y poner en marcha, contra tirios y troyanos, el proyecto de una reconstrucción federal del país.