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Providenciales

Manel Fuentes

Flotats, en su día, se acercó demasiado a nuestras instituciones creyendo que aquí también sabríamos diferenciar la nación del politiqueo de salón


Todo lo bueno que nos acontece por sorpresa es providencial. Y muchas veces la providencia es el único camino posible para que triunfe el talento. Por lo menos para que tenga una primera oportunidad. Y luego tal vez también para que no lo maten por el camino. Aquí la envidia y la calumnia tienen sólidas infraestructuras asentadas. Bases y vías para intentar que descarrile  cualquiera que con su talento ponga en jaque a la mediocridad reinante. Josep Maria Flotats habló de la providencia en la Autònoma de Barcelona en su investidura como honoris causa. Le agradeció las múltiples coincidencias, oportunidades y tesones que le dio para ser hoy quien es, al tiempo que recordó como con 9 años, él que intentaba recitar y no repetir como un lorito un poema en clase se topó con la mofa de sus compañeros y el desprecio de su profesora. O sea de la autoridad. De la institución. Enfermó pero no desfalleció. Y desde hace tiempo es (pese a quien pese), uno de los nombres más importantes de nuestro teatro moderno.

Flotats ha sido y es providencial. Para nosotros. Para el público. Como también lo fue ocasionalmente para políticos que lo quisieron encumbrar y que no hace tanto también lo quisieron dar por enterrado. Pero el talento de Flotats es como el agua que siempre encuentra el camino para salir a flote. A Flotats le hicieron daño y sin excesivos exabruptos se ha sabido cuidar y proteger. Hablando desde el escenario. Lamiendo en silencio sus heridas. Eligiendo bien las obras y los momentos. No dando puntada sin hilo. Todo en él tiene un por qué y un para qué.

La envidia se gesta cuando te encumbran y se descarga vilmente cuando los mismos que mueven los hilos  abren la veda y te ponen en el centro de la diana del pim pam pum. Pero Flotats es providencial. Como providencial es Raimon. Bendiciones y ejemplos de talento e independencia. Comprometidos y exigentes con su oficio frente al público. Y entonces el milagro es el paso del tiempo, poniendo las cosas en su cauce. La masa que aplaude cuando toca es la misma que se lanza en contra cuando tocan a arrebato, o simplemente desaparece miedosa ante el ruido de una cierta crítica amplificada por los que te quieren mal. Pero el talento es magnético y siempre tiene público que lo reconoce y defiende. Ver a Flotats como doctor honoris causa por la UAB me hace ser optimista en nuestro futuro colectivo y me congratula como ciudadano. 

MENOS 'GRANDEUR'

Tal vez, acostumbrado a como eran las cosas en Francia, Flotats en su día, se acercó demasiado a nuestras instituciones creyendo que aquí también sabríamos diferenciar la nación del politiqueo de salón. Y no. Aquí hay menos 'grandeur' y más apuntadores de matrículas que en el país vecino. La grandeza es que pese a todo... vive Flotats. Vive  providencialmente. 
 

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