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Ceballos, valores a medida

Sònia Gelmà

Fue el día de los Santos Inocentes pero iba muy en serio. Hace un año y medio, el Barça rescindió el contrato de Sergi Guardiola horas después de haberlo fichado para reforzar al filial. Tras la firma del contrato, se hicieron públicas, procedentes de su red social, una serie de opiniones ofensivas en referencia al Barça y a Catalunya. La decisión del club, drástica y fulminante: el despido. Se trataba de un delantero con experiencia en Segunda B que venía como recurso de emergencia pero sin ninguna esperanza de proyección hacia el primer equipo.

El club antepuso unos principios del todo respetables a las necesidades puntuales del filial. Pero con aquella decisión sentó un precedente que, por coherencia, anula la posibilidad de fichar a Dani Ceballos. Si el Barça lo incorpora, por mucho que el centrocampista sea una pieza codiciada del mercado con un precio más que asequible, nos llevaría a pensar que los principios sólo son válidos cuando interesa.

El caso Sergi Guardiola tuvo consecuencias en el club: desde ese momento el área de comunicación asumiría una supervisión digital preventiva de los nuevos fichajes. No tendrán mucho trabajo con Ceballos, sus salidas de tono han sido largamente publicadas estos días.

El caso Sergi Guardiola sentó un precedente que, por coherencia, anula la posibilidad de fichar al jugador bético

Suele ser ya costumbre escarbar en el perfil de los futbolistas para desvelar de manera infantil si el fichaje estrella de turno era aficionado del rival cuando era pequeño. Pero, con buen criterio, no es algo que influya en los clubes. De ser así, el Barça no hubiera gozado de Iniesta ni el Madrid de Isco, por poner un par de ejemplos. Otra cosa es la ofensa, y ahí Ceballos supera ampliamente el listón fijado con Sergi Guardiola.

Él pensará que no es justo que se le juzgue, que tiene derecho a ser un cafre, puesto que su trabajo consiste en mover un balón con cierta gracia. Deben ser unos cuantos los futbolistas que pensaron o dijeron las mismas burradas que él durante su juventud, pero forma parte de su intimidad. Pertenecen a otra generación, antes de que las redes sociales nos hicieran presos de nuestro pasado. Ceballos paga la época en la que le ha tocado vivir, donde la huella digital no perdona ni siquiera la etapa adolescente. También es cierto que algunas de sus opiniones, ya con mayoría de edad, son igual de poco ejemplares.

El Barça, tan dado a explotar el filón de los valores en los últimos años, se adentra en terreno pantanoso con Ceballos. Es lo que tiene ponerse estupendo, que hay que ser consecuente, porque se le observará con lupa.

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