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GESTACIÓN SUBROGADA

Parir en un mundo perfecto

Parir en un mundo perfecto

Emma Riverola

Los defensores de engendrar hijos propios en vientres ajenos apelan a la libertad personal, pero conviene no olvidar la responsabilidad social

En un mundo perfecto, las mujeres parirían sin dolor. Nunca habría problemas en el parto ni complicaciones en la recuperación. Los niños saldrían como golosinas de una máquina expendedora. Bonitos. Limpios. Asépticos. Niños que podrías decidir criar… o entregar a otros. Siempre con amor. Sin sufrir el brusco desgarro de un vínculo que la naturaleza, las hormonas y el cerebro ordenan indeleble.

En un mundo perfecto, todos podríamos superar las limitaciones de nuestros cuerpos. No sufrir impedimentos que coarten nuestros movimientos. Conseguir realizar nuestros anhelos. También la ilusión de ser padres.

Ciudadanos ha registrado en el Congreso una proposición de ley para regular la gestación subrogada como una práctica "altruista". Y la idea es tan bella que solo podemos creerla posible en un mundo perfecto. Porque parir no es inocuo. Las consecuencias físicas y emocionales son importantes. Y son reales. No es posible minimizarlas si somos conscientes de ellas. Hay algo inquietante en defender la maternidad rebajando la trascendencia que supone para las mujeres.

LIBERTAD PERSONAL

Los defensores de engendrar hijos propios en vientres ajenos apelan a la libertad personal. Y sí, no se puede obviar esa posibilidad. Pero tampoco la responsabilidad social. ¿Cómo controlar el carácter altruista de la operación? Ciudadanos propone que uno de los requisitos sea que las mujeres gestantes dispongan de una situación socioeconómica adecuada para afrontar la gestación en condiciones óptimas. Pero ¿podrá controlar los acuerdos privados de compraventa, las extorsiones que puedan generarse?

Resulta muy difícil creer que cualquier mujer sana, sin problemas económicos, decida pasar por el proceso de la maternidad por pura generosidad. Pero aun en el caso de que así fuera, ¿podemos obviar la trascendencia social que tendría esa decisión particular? ¿Dejamos caer la última frontera de la cosificación de la mujer?

Y un último interrogante: ¿podemos enfrentarnos a la idea de no conseguir siempre lo que queramos, aunque haya medios para conseguirlo? 

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