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La clave

Foto de familia del president Carles Puigdemont con los alcaldes independentistas tras el acto celebrado en el paraninfo de la UB.

ACN / PATRICIA MATEOS

Hablar en nombre de Catalunya

Enric Hernàndez

El conflicto catalán no se resolverá al margen de la ley ni solo con la ley, sino cuando Catalunya y España asuman su pluralidad

Todos los catalanes, voten lo que voten, deberían escuchar las palabras pronunciadas por el ‘president’ Carles Puigdemont y el vicepresidente Oriol Junqueras ante medio millar de alcaldes y ediles independentistas. Porque ambos discursos ilustran claramente la percepción que tiene el Govern sobre Catalunya.

Según Junqueras, solo existe una legalidad, la internacional, que a su juicio ampara el derecho a la autodeterminación de los catalanes pese a que la ONU lo circunscriba a las colonias. Y solo existe una legitimidad: la que los catalanes otorgaron a las fuerzas independentistas en las elecciones autonómicas o plebiscitarias del 2015, aunque las ganaran en términos autonómicos pero perdieran el plebiscito.

Puigdemont denostó el manifiesto firmado por un centenar de personalidades contra el referéndum unilateral y a la prensa que se ha hecho eco del mismo, lo que no es de extrañar después de que el Parlament acordase discriminar a los medios que no se presten a hacer propaganda del 1-O. Presumió el ‘president’ de que, a diferencia de la Transición democrática, el proceso soberanista no ha sido obra de las élites, sino de “la gente”. Y concluyó que al Estado los catalanes le dan “miedo”.

FALSA LEGITIMIDAD

Aun asumiendo que los mítines son terreno abonado para la grandilocuencia y la hipérbole, resulta preocupante el desapego respecto a la realidad de las élites independentistas. Que Junts pel Sí hable en nombre de toda Catalunya habiendo cosechado solo el 39% de los votos (el 48% sumando a la CUP) refleja un inquietante menosprecio por el 52% restante que no legitimó la hoja de ruta independentista. Si se tiene en cuenta, además, que el programa de Junts pel Sí no incluía la celebración de referéndum alguno, por considerarlo entonces una “pantalla pasada”, arrogarse la legitimidad democrática para organizar el 1-O refleja una visión excluyente de la sociedad catalana.

El conflicto catalán jamás se resolverá al margen de la legalidad democrática, como pretende el independentismo, ni solo con la ley, como sostiene el PP. Solo habrá solución cuando unos y otros asuman que Catalunya es tan plural y diversa como lo es España.