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NÓMADAS Y VIAJANTES

El 'brexit' en el laberinto

Ramón Lobo

Vivimos un momento político peligroso que devora reputaciones (la de la primera ministra británica Theresa May está por los suelos), presidido por actores irresponsables que juegan con fuego en Siria, Irán y Corea del Norte. Todo es un gigantesco interrogante sobre la cabeza del presidente más imprevisible y menos presidente de EEUU. Donald Trump es capaz de menospreciar a sus aliados, demonizar al vicefiscal general de Estado que le investiga por obstrucción a la justicia e insultar a Mika Brzezinski, presentadora estrella de televisión que osó criticarle. Es curioso que nos sorprenda porque en España es pan de cada día.

No hemos terminado de digerir los términos posverdad y 'brexit', que se retroalimentan desde la manipulación, cuando Joris Luyendijk, autor de 'Entre tiburones. Una temporada en el infierno de las finanzas' (MalPaso) nos propone uno nuevo: 'Brexudus'. Se refiere al millón y medio de europeos altamente cualificados que abandonarán el Reino Unido en los próximos cinco años, según un estudio de Deloitte y del que da cuenta en su artículo en 'The Guardian'.

Cada día se publican datos sobre el impacto del 'brexit' en la economía británica. A veces es un informe que alerta del “daño irreversible” que causará en la industria automovilística, otras el Banco de Inglaterra el que calcula un descenso del 25% de las inversiones en el 2019, cuando se ejecute la ruptura. O el aumento de la inflación impulsada por una libra esterlina en mínimos (-14% en un año) que crecerá más rápido que los salarios y reducirá la capacidad adquisitiva. El presidente de la Bolsa de Londres calcula que salir de la UE costará a la City 230.000 empleos.

Pese al aluvión de realidad sigue siendo un asunto de alta sensibilidad. Los 12 meses que han trascurrido desde el referéndum del 23 de junio del 2016 han servido para ahondar la brecha social y política. Nosotros tenemos la guerra civil y la dictadura como hechos divisorios no superados, pero los británicos estaban muy unidos en su memoria imperial, la reina Isabel II y el té a las cinco. El 'brexit' enfrenta familias, amigos y militantes de los partidos.

Todas las opciones parecen malas: 'brexit' duro, 'brexit' suave, ruptura sin acuerdo o un segundo referéndum. No parece que haya vuelta atrás en la decisión de abandonar la UE, tomada por una mayoría del 51,9% frente al 48,1%, pero es significativo que un personaje tan siniestro como efectivo para su causa como Nigel Farage amenace con regresar a la política activa (de la que nunca se fue) para impedir una nueva consulta.

Aunque esa posibilidad sigue en el terreno de la ficción cada vez hay más políticos y analistas que han perdido el miedo a mencionarla. El último, el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que está convencido de que el Reino Unido se dará cuenta del error cometido.

NEGOCIACIONES COMPLICADAS

Las negociaciones de ruptura se presentan largas y complicadas. La UE calcula que la factura de divorcio que deberá pagar el Reino Unido puede alcanzar los 60.000 millones de euros. Antes de sus catastróficas elecciones anticipadas, Theresa May decía que su país no pagaría ni un penique. Hoy, sin mayoría absoluta, con un partido dividido entre europeístas, fóbicos y medio pensionistas, y dependiendo de los unionistas de Irlanda del Norte, la primera ministra carece de la fuerza necesaria para imponer su 'brexit'.

Si los tiburones de su partido no la han derrocado aún es porque cualquier solución obligaría a convocar otras elecciones a medio plazo. De momento consideran que es mejor que May se queme en las negociaciones con Bruselas y guardarse un margen de improvisación.

En el otro lado de la mesa de negociaciones hay movimiento. La UE parece reforzarse en su eje fundacional. La elección de Emmanuel Macron como presidente de Francia y la victoria de su partido recién creado representa una oportunidad, tal vez única, para la refundación de una Europa burocratizada y sin utopías.

DINERO SOBRE PRINCIPIOS

No está en juego el precio del 'brexit', lo que está en juego es que los 27 restantes abandonen la autocomplacencia por lo logrado (que es mucho desde los años 50) y reconozcan que han dejado de ser útiles a la ciudadanía porque primó el dinero sobre las personas y los principios. Quizá este año sea el menos adecuado para un premio a la concordia. Se lo merecen las ONG que salvan vidas en el Mediterráneo, no los políticos que blindan las fronteras y azuzan el miedo al refugiado.

Siempre nos quedará Trump para escandalizarnos de lo ajeno, para concentrar el bochorno en su comportamiento y salvar a los Theresa May, Mariano Rajoy, Paolo Gentiloni y demás. Ellos no insultan por Twitter, pero insultan a la inteligencia con su incapacidad y sus silencios.

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