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Centro de atención a las familias coordinado por Cáritas en BCN.

JULIO CARBÓ

La 'aporofobia' sin rivales

Josep-Maria Ureta

Diez millones de declarantes marcan la casilla de `fines sociales¿ en la declaración de la renta y 6,7 millones, la de la Iglesia

Concretar quién es pobre es un debate extenso

Acabó el plazo de la declaración de la renta de los asalariados y apenas se ha hablado de la mutación de la campaña de la Iglesia católica para conseguir más donaciones, añadida a su asignación fija en los Presupuestos, a través de uno de los escasos epígrafes que permiten al contribuyente elegir un destino finalista a sus impuestos. Tan generosa concesión estatal es el 0,7%, similar al que generó tantas movilizaciones sociales hace décadas.

Álex Grijelmo, periodista especializado en defender el buen uso de la lengua española, advirtió días atrás del significado de este cambio de la propaganda de la Iglesia católica para obtener más ingresos a través de esta casilla. Si antes la publicidad católica decía, "por solidaridad, pon una cruz", este año se han pasado a la equis y con apelaciones quinielísticas: "No puedes ser de dos equipos rivales. Pero en tu declaración de la renta sí puedes marcar dos equis. La Iglesia y los fines sociales".

Como toda campaña parte de la estadística, el análisis cuantitativo de las declaraciones del IRPF hasta este año, redondeando, indican que ante la casilla mal llamada de solidaridad (es obligatorio rellenarla y si no se hace, deciden los de Montoro), 10 millones de declarantes eligen "fines sociales"; 6,7 millones, Iglesia católica; y 5,6 millones equivalen al no sabe/no contesta, lo que no les exime del pago.

En el subconsciente del declarante, equivale a una donación para pobres. Pero concretar quién es pobre es un debate extenso. Tiene su concreción, primero, en la estadística, gracias al INE, que ha configurado una encuesta sobre condiciones de vida (ECV). Si se contempla a los españoles en un gráfico según lo que ingresan al año (patrimonio al margen), es fácil medir la distancia entre el más rico y el más pobre. Y en términos de IRPF, el 20% de los declarantes ingresan menos de 20.000 euros al año. No son, por supuesto los pobres: hay otro subgrupo que disponen solo de 8.000 euros al año para subsistir. Esos son los que el INE califica como "en riesgo de pobreza". Ya son el 20,3% de los españoles... y subiendo.        

Ante este dato el término rivalidad en el contexto del anuncio católico incluye tanto el reconocimiento de los jerarcas de la Iglesia de que van perdiendo la superioridad incontestable en esa asignación de los contribuyentes y que, por lo tanto, están dispuestos a compartir esos ingresos, como la percepción de que cada vez más se reconoce su presencia pública en las mismas áreas en las que están las organizaciones sociales más variopintas bajo el epígrafe oenegé. Cáritas Cruz Roja son las entidades más elegidas en el reparto final. Dos modelos de referencia para el resto de oenegés.

De vuelta a las cifras: de los casi 700 millones que corresponden a la X obligatoria/solidaria en años anteriores, unos 300 millones son para medio millar de proyectos presentados por las oenegés. Quede claro que todo el dinero de las X, las que sean, va a proyectos de solidaridad, no a gastos de funcionamiento de entidades.

DEFINICIÓN

La segunda concreción sobre qué es pobreza es la que parte del análisis sabio del lenguaje corriente. En este contexto, aporta otra visión la filósofa Adela Cortina en su libro 'Aporofobia, el odio al pobre' (Paidos): "No rechazamos a los otros por su raza, religión o ideología sino porque son pobres". Ya sea en nuestra propia sociedad -incluso en el seno de las familias que destacan al triunfador y ocultan al fracasado-, y ante los que llegan hasta nuestras fronteras.

La aporofobia tiene orígenes seculares (del griego apo, ausencia, y poros, recursos) porque ya en en el siglo VI se llamaba en Francia aporo, al agricultor que no tenía caballos de tiro para arar. Hasta nuestros días, en que rechazamos a quienes no tienen recursos y no pueden incorporarse a la actividad económica mediante un trabajo remunerado con decencia.

Como esta año ya no estamos a tiempo, el alegato de Cortina debería ser de lectura obligatoria en la declaración del 2017 antes de poner la X. Para entonces el diccionario todavía no habrá incorporado su propuesta de hace ya 15 años de la entrada aporofobia: "Dícese del odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado".

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