02 abr 2020

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No nos resignamos

No nos resignamos

Neus Tomàs

Seis de cada diez mujeres renuncian a su carrera cuando son madres

Hace poco más de un mes una empresa del Valle del Jerte anunciaba una oferta de trabajo para la campaña de la cereza. Para ser exactos eran dos ofertas: 8 horas remuneradas con 50 euros si la contratada era una mujer y las mismas horas pero con una retribución de 10 euros más si se trataba de un hombre. Valgren, que es como se llama la empresa, tuvo que retractarse por el revuelo creado. Es fácil intuir que de no haber existido la polémica sus directivos habrían mantenido la vergonzante propuesta.Sirva de pista que intentaron justificar la discriminación sexista arguyendo que ellas trabajaban en el almacén y ellos en el campo. 

Quien crea que casos como este solo pasan en la parte baja (y cada vez más amplia) de la pirámide salarial se equivoca. El machismo no distingue de escalas. Según una encuesta de Adecco, más de un 48% de las mujeres directivas asegura haber sido víctima de algún tipo de discriminación. Y siete de cada diez reconocen que es habitual rechazar una promoción porque es incompatible con una mínima conciliación laboral.  

Habrá también quien piense que la conciliación no es solo cosa de las mujeres. Evidente. Pero, guste más o menos, todavía son ellas las que ejercen el doble papel de trabajadora y cuidadora. La Asociación Yo No Renuncio y el Club de Malasmadres han realizado un estudio cuyos resultados confirman que esta percepción no es una simple opinión. A partir de 24.000 encuestas se ha llegado a la conclusión de que seis de cada diez mujeres renuncian a su carrera profesional cuando son madres. Ahí va la comparación: El porcentaje de hombres que optan por frenar su proyección laboral es solo del 6%. 

A modo de bucle, como ellos ganan más y la mayoría de empresas demuestran día a día que no tienen intención de facilitar la conciliación de sus trabajadores, la realidad es que demasiadas mujeres asumen que no hay más remedio que conformarse. Y así nos va a todas. Pero la resignación acostumbra a ser mala respuesta y en este caso es la peor.