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AL CONTRATAQUE

Sandro Rosell y el consejero delegado de Qatar Airways Akbar Al Albaker.

EFE / ALBERT OLIVÉ

FC Qatarlona

Antonio Franco

Qatar firmó con el FC Barcelona una esponsorización de la que se avergüenzan tantos y tantos culés honestos porque fue una venta de sus principios

Me sabe mal referirme con tono crítico a Qatar coincidiendo con una injusta campaña de chantajes por un falso apoyo al terrorismo. Pero en el momento que finaliza el pacto entre el Barça y Qatar hemos de reconocer que eso ha manchado para siempre la aureola de 'Esport i ciutadania' del club, porque por dinero, solo por dinero, ha contribuido decisivamente al aparente blanqueamiento de la marca Qatar en cuestiones de las antípodas de lo que encarna el club.

Qatar no es perverso. Ahora le agreden por su voluntad de modernización dentro del mundo islamista y, en particular, por su deseo de incorporar pluralidad, a través de su cadena televisiva Al Jazira, en el trascendente debate que intenta efectuar consigo mismo el mundo árabe. Pero es una monarquía absolutista que aplica la ley islámica de forma degradante respecto a la mujer (aunque se le permita conducir automóviles o tener flexibilidades con el atuendo). No respeta satisfactoriamente los derechos humanos, aplica la esclavitud moderna (paga a los inmigrantes, el 80% de su población, a cambio de no reconocerles derechos laborales ni aplicar la seguridad en el trabajo), y es sospechoso de soborno habitual en sus relaciones económicas y sociales internacionales.

JUGAR LA CARTA DEL FÚTBOL

Para blanquear su imagen en la esfera internacional, Qatar decidió jugar a fondo la carta de la popularidad del fútbol. Empezó utilizando al Barça victorioso y de Unicef y ha conseguido su objetivo. Los próximos campeonatos que patrocina incluyen, además de la propia FIFA, la actual Copa Confederaciones, el Mundial 2018 en Rusia, el Mundial de clubs 2018, y el Mundial que se disputará en el propio país, en 2022. Se hará allí si la falta de lógica de celebrarlo en sus pésimas condiciones climáticas, las pruebas de los sobornos a la FIFA y las denuncias por las condiciones despóticas con que construye los estadios no obligan a dar marcha atrás.

Para esta estrategia ha tenido, entre otros empleados, a Sandro Rosell, incluso cuando presidía el Barça. Qatar firmó con el club una esponsorización de la que se avergüenzan tantos y tantos culés honestos porque fue una venta de sus principios, muy lucrativa pero poco alejada en su fondo de una venta cara del propio cuerpo. Los niños que lucen por el mundo la camiseta del Barça con la palabra Qatar se asocian a un modelo de vida inaceptable para lo que quiere significar la entidad. Solo por dinero, como por dinero hemos visto fotos promocionales qatarís de Messi, Xavi, Guardiola o Luis Suárez, justificables si necesitasen las contraprestaciones para su estricta supervivencia pero no para pasar, como el mismo club, de la categoría de rico a más supermillonario. La relación acaba, pero la mancha queda.