Inquietud en la cuenca minera de Súria y Sallent

Sal y posverdad

La mina existe, las montañas de residuos existen, los trabajadores existen y el país no puede prescindir de esta actividad

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Unos tractores recogen sal en Súria.

Unos tractores recogen sal en Súria. / XAVIER JUBIERRE

Hablamos de posverdad cuando los hechos objetivos tienen menos influencia que las emociones o las creencias personales. La posverdad ha llegado a Súria. Una vecina me comenta alarmada el problema de los residuos salinos. Su inquietud me sorprende, ya que el tema en Súria, tras un siglo de mineria, nunca había trascendido al pánico colectivo. Según mi interlocutora las noticias de la televisión la han sobresaltado, incluso ha oído rumores que los residuos producen cáncer, además de salinizar su huerto (que curiosamente se encuentra antes de las posibles escorrentías de los residuos salinos). La sensatez no vende periódicos ni suma audiencias. Los medios de comunicación han conseguido demonizar un tema, legitimando una explosión de imaginación demagógica.

La cuenca minera de Súria y Sallent contiene unas importantes reservas de sales sódicas, potásicas y magnésicas. Ello es una riqueza para el país. Desde hace unos cien años se explotan las sales potásicas y se desechan las otras sales, las cuales acaban formando la montaña de residuos salinos. La explotación de las minas conllevó la salinización de los ríos hasta niveles alarmantes. Sin embargo la actuación para frenar la salinización del rio Cardener y Llobregat viene ya de muy lejos, la actuación más importante fue la construcción del colector de salmueras que dirige directamente hasta el mar las aguas salinas procedentes de las minas.

SAL SÓDICA DE CALIDAD

Para resolver definitivamente el problema la empresa que explota la mina pretende aprovechar los residuos como 'input' para una producción económica de sal sódica de calidad, comprometiéndose al mismo tiempo a dejar de verter residuos en Sallent y vaciar progresivamente los residuos vertidos durante cien años. Para ello está realizando millonarias inversiones. Al margen de ello, grupos opositores consideraron más eficaz judicializar el problema en lugar de optar por el diálogo. Como resultado se ha obligado judicialmente a la empresa a dejar de verter residuos en Sallent el próximo junio. Dado que el proyecto que da respuesta al problema no se ha terminado todavía (por razones técnicas imprevistas y por las dificultades propiciadas por la judicialización del problema) ello supone parar la producción en Sallent. La demagogia y la mentira pueden llevar en pocos días a muchos trabajadores a una difícil situación, sin que exista ninguna justificación técnica, aunque sí jurídica.

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Algunos partidos con poca experiencia de gobierno han aceptado con cierta facilidad la incorporación de grupos que simplemente buscan el confort de su entorno inmediato, los profetas del 'no'. No a una cárcel, no a una industria, no a una mina, no al regadío, no a los molinos de viento, no a los turistas… Si estas posiciones se generalizasen simplemente conducirían al empobrecimiento acelerado del país.

Ciertamente, podemos y debemos mejorar el presente pero no podemos reinventar el pasado. La mina existe, las montañas de residuos existen, los trabajadores existen y el país no puede prescindir de esta actividad. Las soluciones sostenibles existen pero comprometidas con el presente.