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Una visión del `procés¿

El editorial del 'New York Times'

Andreu Pujol Mas

Se intuye que en la escena internacional nadie se va a escandalizar cuando el Govern Puigdemont-Junqueras ponga las urnas en los colegios electorales

El pasado 23 de junio el New York Times publicó un editorial hablando de la situación política de Catalunya. El rotativo mostraba un cierto tono escéptico con la independencia, pero, paradójicamente, el gesto se ha leído como una victoria del independentismo y ha generado intranquilidad entre los sectores políticos partidarios de mantener el statu quo. Si estos hubieran afrontado el debate desde la normalidad democrática, ahora podrían ponerse la medalla del hecho de que uno de los periódicos más importantes del mundo vea con prevención la posibilidad de que los catalanes puedan salir del Estado español, aunque solo sea en pro de la estabilidad.

La doctrina españolista está muy lejos de poder vertebrar un argumentario para defender la permanencia de los catalanes en España, precisamente porque se fundamenta sobre la negación de la realidad. Por eso lo que les intranquiliza de lo que ha publicado el NYT es que en el texto no se cuestionan, sino todo lo contrario, dos de los grandes pilares sobre los que se apoyan las reivindicaciones catalanas. En primer lugar, el de la relación extractiva del Estado con la economía catalana, con una gran recaudación impositiva y un retorno muy inferior que tiene consecuencias directas sobre el bienestar de la ciudadanía. El asunto del déficit fiscal a menudo ha sido puesto en duda por el españolismo, y cualquier reivindicación en este sentido se ha tildado de egoísta e insolidaria.

El otro pilar es el del derecho a la autodeterminación de Catalunya, que se ha negado sistemáticamente, ya sea a través de manipulaciones históricas o de legalismo ciego. El NYT omite el debate sobre este derecho porque simplemente lo da por sentado. Eso mismo ya quita la razón a los que comparan el referéndum con un golpe de Estado y otros disparates del mismo calibre y nos hace intuir que en la escena internacional nadie se va a escandalizar cuando el Govern Puigdemont-Junqueras ponga las urnas en los colegios electorales.

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