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Pedro Sánchez, junto a sus principales colaboradores, en el congreso del PSOE. 

DAVID CASTRO

Éxitos e incógnitas tras el cónclave socialista

Astrid Barrio

El principal partido de la oposición ha tomado conciencia de que la resolución de la cuestión nacional no pasa solo por competencias o recursos, sino también por el reconocimiento

En su 39º congreso el PSOE ha resuelto con relativo éxito algunos de sus principales problemas de los últimos tiempos, un paso imprescindible para tratar de recuperar el poder. Los socialistas han puesto fin a la crisis de liderazgo en la que se vio sumido el partido tras la renuncia del secretario general en octubre. Pedro Sánchez ganó las primarias y se impuso con autoridad a sus rivales en un proceso en el que visualizó hasta qué punto estaba dividido el partido. Y aunque se esperaba que tras su victoria confeccionase una ejecutiva integradora como tradicionalmente ha sucedido, el resultado ha sido la ejecutiva más homogénea de la historia. No queda claro si como consecuencia de una acción deliberada o por incomparecencia de las facciones minoritarias que prefieren permanecer al margen y esperar la llegada de tiempos mejores. Además, se ha consagrado un partido altamente centralizado compatible con un notable protagonismo de las bases en la toma de decisiones fundamentales y se ha blindado la figura del secretario general.

En definitiva, más poder unipersonal y de la militancia en detrimento de las élites intermedias, es decir de lo que habitualmente se conoce como el aparato. Desde el punto de vista ideológico el lema del congreso, 'Somos la izquierda', ha sido toda una declaración de intenciones. Los socialistas se han conjurado para recuperar el terreno perdido a manos de Podemos buscando la complicidad de los sectores que se han movilizado en la calle en contra de los recortes de derechos civiles, políticos y sociales en nombre de la crisis y de la seguridad.

Pero lo que más ha llamado la atención de este congreso ha sido la apuesta socialista por el reconocimiento de la plurinacionalidad de España. Hay quien ha interpretado este movimiento también en clave de la competencia con Podemos que hasta ahora era el único partido estatal estandarte de la plurinacionalidad. Pero no se puede perder de vista que este es un planteamiento clásico del alma catalanista del PSC, la que precisamente ha jugado un papel fundamental en la resurrección de Sánchez.

El resultado ha sido, paradójicamente, cuando el PSC vive sus horas más bajas en Catalunya acusado de ser poco cuando no mal catalán, que el PSOE sea más PSC que nunca. Pero, más allá de la anécdota, lo relevante del asunto es que el principal partido de la oposición haya tomado conciencia de que la resolución de la cuestión nacional, hoy muy centrada en la crisis catalana, no solo pasa por competencias y/o recursos, sino también por reconocimiento.

La incógnita,  sin embargo, es cuál será la estrategia del PSOE a partir de ahora, sobretodo teniendo en cuenta que Pedro Sánchez no tiene una posición institucional. ¿Cómo actuará en el Congreso? ¿Tratará hacerse con el poder por medio de una moción de censura? ¿Priorizará las políticas o el tipo de alianza? ¿Se atreverá a tratar de impulsar la reforma constitucional para abordar el conflicto territorial? En septiembre se verá.