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Excesivo optimismo en la UE

Eliseo Oliveras

El desencanto político y el malestar social de los ciudadanos siguen sin resolverse

La unidad de los Veintisiete se limita al 'brexit' y los países se organizan en tres grupos

Los líderes de la Unión Europea (UE) hicieron gala en la cumbre de Bruselas de un inusual optimismo, como si los graves problemas políticos y socioeconómicos existentes hubieran desaparecido por el fracaso ultra en Francia y la victoria del partido del presidente francés, Emmanuel Macron, olvidando el desencanto reflejado en la abstención récord del 57,4%.

A nivel político, la pobre oferta realizada por la 'premier' británica, Theresa May, sobre los derechos de los ciudadanos europeos tras el 'brexit' anticipa una negociación muy tensa. Además, Holanda sigue sin Gobierno, tres meses después de las elecciones. En Austria, la extrema derecha podría entrar en un Gobierno de coalición tras las elecciones de octubre. Polonia y Hungría siguen adelante con sus medidas autoritarias sin inmutarse por las tímidas quejas de la UE. En Italia, el movimiento populista 5 Estrellas ha anunciado que relega su propuesta de referéndum sobre el euro a un "plan B" para que esta cuestión no dañe sus expectativas electorales, como le ocurrió a Marine Le Pen en las presidenciales francesas. Y en la UE, a nadie parece preocuparle la corrupción generalizada que se sigue descubriendo en el partido que gobierna España.

La ligera mejora de las expectativas de crecimiento económico tampoco están cambiando los elementos fundamentales de la crisis social europea: creciente desigualdad incluso en los países más igualitarios como Alemania y Suecia, empobrecimiento de las clases media y trabajadora, generalización de la precariedad laboral y los bajos salarios y anuncios de nuevos recortes sociales con la reforma de las pensiones.

DESCONFIANZA EN LA UE

El último Eurobarómetro de la Comisión Europea publicado este mes revela que el porcentaje de europeos que confía en la UE se limita al 47%, pese a la mejora de 11 puntos desde el 2015, mientras que quienes no confían en ella aún suman el 46%. El desencanto político de los europeos es todavía peor a nivel nacional: el 56% declara no confiar en su gobierno frente al 40% que confía en él. Los ciudadanos sólo confían en sus gobiernos en 10 países de la UE: Holanda (78%), Suecia (72%), Luxemburgo (70%), Finlandia (66%), Alemania (64%), Austria (60%), Estonia (55%), Portugal (52%) y Malta (52%). Destaca la nula confianza de los franceses y españoles en sus respectivos gobiernos: el 25% y 18%.

Otro sondeo publicado esta semana por la Chatman House británica revela que el 72% de los europeos considera que los políticos no tienen en cuenta lo que le preocupa a la gente y que el 53% piensa que su país "era un lugar mejor para vivir hace 20 años" (sólo el 27% cree que es mejor ahora).

REORGANIZACIÓN EUROPEA

Los Veintisiete han recuperado la perdida unidad como reacción defensiva ante el 'brexit', porque para cada uno de ellos es esencial preservar la UE como estructura protectora en un mundo globalizado, desordenado y con múltiples amenazas de seguridad. Pero esta unidad no va mucho más allá y la UE se está reorganizando alrededor de tres polos: primero, el eje franco-alemán, al que Macron y la cancillera alemana, Angela Merkel, quieren devolver su papel de motor directivo europeo. Segundo, el Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, Eslovaquia y la República Checa), férreo defensor de la soberanía nacional, que se opone a una integración acelerada de la eurozona y a todo lo que favorezca una "Europa a distintas velocidades" por el temor a quedar relegados en una "Europa de segunda". Y tercero, el grupo de los pequeños estados (Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Lituania, Letonia y Estonia), que celebraron una minicumbre el miércoles en La Haya y que defienden el libre comercio sin regulaciones, la disciplina presupuestaria y la reorientación de la política agraria.

Este grupo, junto a España y Grecia, encabezó la oposición a cualquier avance en la cumbre sobre la propuesta de Macron de restringir la compra de empresas estratégicas europeas por parte de China u otros países, aunque como gesto al presidente francés se cita en las conclusiones que la Comisión Europea analizará si se necesita una medida de este tipo. La comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, ya se ha posicionado: "No queremos entorpecer la inversión extranjera en la UE".

La inmigración es el tema donde la desunión y la falta de solidaridad entre los miembros de la UE alcanzan su nivel máximo, como ha demostrado una vez más esta cumbre. Las cuotas de reparto de refugiados por países han quedado aparcadas en la práctica, Italia y Grecia se ven forzadas a cargar con los refugiados e inmigrantes llegados a su territorio y la gran estrategia de la UE es repetir con Libia el modelo turco para impedir que los inmigrantes partan hacia Europa. Pero los líderes de la UE soslayan que Libia es un estado fallido y caótico, con una miríada de milicias que imponen su ley, y donde, según los informes de la ONU, las organizaciones humanitarias y la propia diplomacia de la UE, los refugiados e inmigrantes son víctimas de asesinatos, violaciones, torturas y hasta son vendidos como esclavos.

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