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A los 30 años del atentado de Hipercor

Acuérdense de nosotros

Sara Bosch

Hace 25 años empecé a oírles. A descubrir la psicología de un dolor distinto del que nunca me hablaron en la facultad

Todo pasa demasiado rápido aquel día en Hipercor. El coche bomba estalló de repente. Ellos, los que se fueron, lo hicieron rápido, sin darles tiempo a sentir, a pensar en lo siguiente que tocaba. Pensamientos rápidos de esos que llevamos en la cabeza mientras nos sentamos, descargamos la compra, nos reímos o -como hoy- nos quejamos del calor. A ellos, a todos los demás, el miedo se les metió rápido en el cuerpo. Implacable. Por debajo de la piel herida, o del alma en grito. Se les quedó en la mirada rápida hacia los lados, en la mirada fija hacia el cielo.

Los 30 años han pasado rápido. Los homenajes también. Y, como entonces, llegó el día después. El largo y lento día después.Y rápidas, las noticias continúan. Ya no es actualidad. Ya pasó…

Hace 25 años empecé a oírles. A descubrir la psicología de un dolor distinto del que nunca me hablaron en la facultad. A llamar a cada trastorno, a cada síntoma con su nombre y su matiz. El temor a tocar casi cualquier cosa de M. por su obsesión a infectarse. El llanto de F., a escondidas tantas noches, hasta que se desbordó en uno de esos aniversarios. El infierno de V., arrastrando la sombra del carbón de los diamantes de su vida. El silencio de B. en las curas terribles, porque nunca se permitió quejarse en voz alta. El marido de D., que se convirtió en algo distinto. El hijo T., que nunca quiso ocupar el lugar de su padre.

NO NOS USEN

Vidas. Vidas que, a sus ojos, han continuado demasiado deprisa. Vidas que desde que les oigo, dicen las mismas cosas: acuérdense de nosotros. Pregunten cómo estamos. No hablen en nuestro nombre. No nos usen. No nos mediaticen. No nos nieguen. Vidas que, desde que las conozco han tenido que luchar contra ustedes ,o representantes de lo que ustedes representan, en salas de tribunales. Vidas que han tenido que oír que no han sabido acreditar suficientemente su daño, y que no han tenido la gracia de convencerles.

Vidas que siguen diciéndoles que están hartos de su lugar en la foto. Vidas, víctimas a las que en los aniversarios, les dan todo su apoyo, su reconocimiento y su más sentido…¿qué?. Su sentido de un apoyo solo cuando les es fácil. Cuando vienen directas. Cuando traen bien sus papeles bajo el brazo. Cuando se les muestran cerca, detrás siempre de ustedes, y aún son capaces de darles la mano que tan formalmente les tienden. Con mucho y sentido apoyo. 

Dónde estaban en los juicios cuando el abogado de aquello que ustedes representan intentaba humillarles. Dónde estaban cuando aun saliendo dignamente con sus secuelas al viento, otros en su nombre recurrían la sentencia. 

BASTA YA

Permítanme decirlo por una vez. Me lo he ganado. Basta ya. Basta ya de reconocimientos delante de monumentos de piedra. Resuelvan lo que les falta por hacer. Encuentren a las vidas, víctimas de todos, que aún no conocen. Concedan de una vez el reconocimiento a las que lo son. Dejen su lugar en las primeras filas, ¿qué hacen ahí? Dejen de poner plazos absurdos y nombres aún más absurdos a las heridas psicológicas. No son los correctos. Infórmense. Ni existen las víctimas directas ni las indirectas. O se es o no se es. Y si alguna se les ha colado…no lo paguen con las que bastante desgracia tienen por serlo. Y estén atentos, afinen el oído… suelen ser las que menos hablan, las que menos gritan.

Pregúntennos. A todos los que estamos a su servicio. Les aseguro que nuestra honestidad está demostrada. Siempre que fui juré decir verdad. Resuelvan de una vez, que ese es el único homenaje que necesitan. Y llámenles. A todos. A todos y cada uno de aquellos por los que lo sintieron tanto. Hablen con ellos. Y no permitan que muevan ni un dedo por tener la ayuda que les prometieron. Ya les aseguro que eso vale más que muchas medallas y muchos de los actos con protocolo. Vengan de quien vengan.

PALABRAS Y MENTIRAS

Mientras una de esas vidas siga padeciendo abandono, sentimiento de injusticia o de agravio… serán mentira. Serán mentira sus palabras a sus oídos. Ya se lo digo yo, por si ellos no saben o no pueden. Dejen ya de venir a apoyarles si esa va a seguir siendo su forma de hacerlo. 

Hoy me permito pedirles que no les hagan más daño. Ustedes estaban en el bando de los buenos.

El próximo año, o quizás en el 40 o 50 aniversario… o en cualquier cumpleaños de otros terrores, antes de ponerse el traje de gala, quítense la corbata, descalcen los tacones, quítense el pin y el tono de leer ante el micrófono. Vayan a su casa antes que al monumento que elijan, la sala que elijan. Pídanles que les hagan un café. Vayan humildes, sin pedir perdones que no van a resolver problemas reales. Vayan con ganas de saber quiénes son y qué necesitan. Y solo después, después de ellos, dejen las flores que merecen aquellos que les siguen observando desde el cielo.

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