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A pie de calle

Estudiantes a punto de comenzar un examen.

EFE / SERGIO BARRENECHEA

Universidad: desmintiendo los tópicos

Norbert Bilbeny

Se reducen los estudios superiores a la obtención de títulos profesionales y se los ajusta a la estricta demanda del mercado

Hace pocos días Joan Ridao publicaba en estas páginas el artículo 'La universidad, como el Titanic' en el que alerta de la creciente falta de recursos de las universidades públicas catalanas y la consiguiente descapitalización académica. Una de las evidencias es la drástica reducción del personal funcionario y estable, a diferencia -nota Ridao- de lo que están haciendo las universidades españolas. "Las rentas del pasado acabarán, y con ellas los ‘rankings’ deslumbrantes", concluye. Suscribo todo el artículo: no se puede decir más en menos espacio. En tanto que, y al mismo tiempo, no le han faltado las críticas desde el sector favorable a la universidad privada.

Hay unos cuantos tópicos sobre la universidad catalana. Todos ellos desacreditan la educación superior como una prioridad social. Reducen la universidad a la obtención de títulos profesionales y la descargan de sus funciones de investigación, que pasa a institutos, y de formación cultural y científica, ajustada a la estricta demanda del mercado. Es una visión economicista y tecnocrática de la universidad que, lo peor de todo, hará desaparecer el sentido mismo de la universidad. El valor de 'lo universitario'. Caminamos paso a paso hacia el vaciado científico, cultural y social de la universidad, para convertirla en un mapa de 'colleges' o escuelas superiores a medida del mercado y de intereses territoriales en clave electoral.

CINCO TÓPICOS

Primer tópico: la 'endogamia'. La elección del profesorado por intereses locales o personales creados y no por su valía. Cierto: ello aún existe. Pero no es culpa del sistema, sino de quienes hacen un mal uso de él. Con todo, está desapareciendo, y no olvidemos que si hay un candidato de dentro que es mejor que uno de fuera eso es bueno y no se puede llamar endogamia.

Segundo tópico: el 'funcionariado'Se lo asocia burdamente con un residuo del franquismo. Pero la universidad pública necesita académicos comprometidos e identificados con lo público, como los médicos, los maestros, los servicios y el orden público. Ser funcionario presupone un proceso riguroso de selección y seguimiento. Pocas profesiones están tan sometidas a evaluación pública como la del profesorado universitario.

Tercer tópico: el 'gasto'. Pero el dinero empleado en educación superior, incluida la investigación, no es dinero a fondo perdido. Es inversión, y de la mejor. En futuro del país en todos los aspectos. Mientras, los rectorados actuales han de justificar hasta el último céntimo.

Cuarto tópico: la universidad pública es 'ineficiente'Podría producir más con los recursos de que ya dispone. Falacia: puesto que tiene cada vez menos, la eficiencia no puede ser la óptima. Mejor dicho: ya es óptima en relación con lo que se recibe. Las universidades catalanas en el ‘ranking’ mundial son las públicas, no las privadas.

Y último tópico: la 'gobernanza'La guinda del pastel. El buen gobierno es, cierto, el deber y el desafío constantes. Pero por ello no se precisa dirigir los centros públicos con criterios empresariales. Han de combinar la eficiencia y la transparencia con la participación del conjunto y el control social. No es un oxímoron. Las mejores universidades europeas lo hacen. ¿Por qué no nosotros?