29 mar 2020

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Nadal, triunfal, en los Campos Elíseos de París.

AFP / GEOFFROY VAN DER HASSELT

Nadal: lo mejor está por llegar

Joan Carles Armengol

Es imposible encontrar un historial como el de Rafael Nadal, a pesar de que Roger Federer aún tiene tres títulos más que el tenista manacorense en torneos grandes. Su décimo Roland Garros le deja como una leyenda viva, como el mejor deportista español de todos los tiempos y como un referente en el ámbito internacional. Sus gestas han agotado los adjetivos. Lleva 13 años en lo más alto, y en más de 1.000 partidos sus estadísticas son impresionantes: ha ganado 849, ha perdido solo 180, en tierra batida se ha mostrado intratable, en París solo ha mordido el polvo dos veces y es de los pocos jugadores que puede presumir de haber ganado al menos una vez cada uno de los cuatro torneos del Grand Slam. Y es el único, desde luego, que en uno de ellos ha llegado al doble dígito en títulos ganados. Ningún tenista masculino ha ganado más de siete veces alguno de ellos. Sampras y Federer, por ejemplo, se quedaron en siete títulos en Wimbledon, si bien el suizo aún está en condiciones de mejorar esa cifra. A los 10, seguramente, no llegará. A todo ello hay que añadir para el manacorense cuatro Copa Davis y dos títulos olímpicos (uno individual y otro en dobles).

Estos datos dibujan el retrato de un deportista que lo ha sido todo en el mundo del tenis. Pero, en mi opinión, lo mejor está por llegar. Evidentemente, no en cuanto a cifras, porque a sus 31 años Nadal no va a repetir ni por asomo lo que ya ha conseguido. Pero sí está en condiciones de seguir impartiendo su liderazgo y seguir siendo el ejemplo vivo de que, con unos valores firmes y una convicción indesmayable, un deportista puede conseguir lo que se proponga, más allá de los obstáculos que se interpongan en su camino.

Nadal ha tenido altibajos, es cierto, pero, como él mismo ha dicho, nunca se ha ido. ¿Adónde se iba a ir, si su pasión es el tenis y su lema, seguir mejorando hasta que se retire? Muchos han sido los que le daban por muerto y enterrado con la crisis de los dos últimos años, cimentada a partes iguales por una cierta pérdida de confianza (parte mental) y una grave lesión en la muñeca izquierda (parte física). Pero ni en esos momentos difíciles Nadal se apartó de su camino y ha demostrado que a los deportistas que están hechos de esta pasta nadie les puede enterrar antes de tiempo.