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ANÁLISIS

La primera ministra británica trata de agarrarse al poder en plena tormenta y con las negociaciones del 'brexit' en el horizonte

Si solo los gatos tienen siete vidas, Theresa May tiene alma felina. Durante su etapa como ministra de Interior redujo en casi 20.000 los efectivos de la policía. Después vino la ola terrorista que tiene al país en alerta. No sobran precisamente policías. May sucedió a Cameron al frente del Gobierno tras el huracán del referéndum del 'brexit', a pesar de que ella había hecho campaña, eso sí, con voz bajita, por la permanencia. Ahora pretende seguir como primera ministra después de haber convocado unas elecciones innecesarias y haber tenido un pésimo resultado que ha dejado a su partido sin mayoría en la Cámara.

“Está en el Gobierno, pero no en el poder”, es la frase más repetida en los círculos conservadores británicos para describir la frágil situación en la que se encuentra May. Algo menos delicado ha sido George Osborne, ahora director del periódico 'Evening Standard' y en su anterior vida ministro defenestrado por May. “Es una mujer muerta que todavía camina”. Según Osborne, si sobrevive esta semana, no tardará mucho en marcharse. Se especula incluso con una nueva convocatoria electoral antes de final de año.    

De momento han caído las dos patas sobre las que se apoyaba May en el día a día como primera ministra. Sus dos asesores más importantes, Nick Timothy y Fiona Hillhan abandonado sus puestos. Se les culpa de haber pilotado una campaña desastrosa, que llevó a los conservadores de una mayoría de 20 puntos sobre los laboristas a casi un empate en tres semanas. Pero más allá de los errores de campaña, nadie olvida que fue May quien decidió sacar las urnas antes de tiempo cuando tenía una mayoría clara que ahora ha perdido.

EN PRECARIO

Theresa May quiere ahora permanecer agarrada al poder con un acuerdo con los 10 diputados del DUP, el principal partido unionista de Irlanda del Norte. Las matemáticas dan la suma (328 sobre 650) para una mayoría ajustada, pero la jugada no convence a algunos sectores de su partido y las negociaciones podrían tomar más tiempo del esperado. Su carta de presentación en campaña como líder fuerte y estable –frente al caos de la alternativa laborista– produce ahora una risa generalizada más allá de su círculo más íntimo.

Con las difíciles negociaciones de salida de la UE en el horizonte, el nuevo Gobierno de May dependería de los nueve diputados y la diputada de un partido con fama de homófobo, sexista y que cobrará caro su apoyo. Una mayoría justa y algo exótica en un sistema parlamentario donde los diputados se saltan a menudo su disciplina de partido. Si el 'brexit' sale bien será un milagro, como las sucesivas vidas de May.

En algo se parecen David Cameron y su sucesora: ambos convocaron consultas que no eran necesarias –respondían más bien a las luchas internas o a los intereses del Partido Conservador–  y han dividido profundamente al país. Los dos las perdieron. Solo queda saber si May, al igual que Cameron, está dispuesta a reconocer su fracaso apartándose del Gobierno. 

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