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AL CONTRATAQUE

Estampida

Estampida

Manel Fuentes

Seguramente sí, debemos escondernos de las vergüenzas que ocultamos colectivamente mientras salimos en manifestación para el cambio

Corra. Huya. Escóndase. Estas son hoy las directrices. Al caer las Torres se nos acabó la sensación de seguridad total. Al caer los bancos, pasamos de ciudadanos a rehenes. Las máximas autoridades nos fallan y al sentirnos víctimas actuamos como si no tuviéramos que ser responsables.

Hace demasiado tiempo que para postergar la decepción, nos educan y nos aplauden la mediocridad. Y sin espíritu crítico ni esfuerzo, la evolución es imposible. 

El rebaño es hoy nuestro escondite más cómodo. El miedo nos enseña a no desentonar mucho de la queja orquestada. Preferimos buscar culpables que soluciones

MIEDO

El rebaño es hoy nuestro escondite más cómodo. El miedo nos enseña a no desentonar mucho de la queja orquestada. Preferimos buscar culpables que soluciones. Es más cómodo. Convergimos antes para liderar golpes emocionales, más que racionales. Sí, nos manipulan antes el corazón que la cabeza. La pelea pública es por conseguir el último privilegio, el enésimo sillón, pero no para aplicar una receta justa; de cambio. Casi nadie busca realmente reformar el sistema y hacerlo sostenible. Todos saben que es demasiado doloroso y no quieren ser practicantes con inyecciones cargadas de verdad.

El Gobierno y la Seguridad Social nos mandan cartas recordándonos lo que cotizamos en un año, pero en cambio no se atreven a ponernos en ese mismo papel lo que nos debería tocar en contraprestación cuando nos jubilemos. La mayor estafa es la que están haciendo a todos los ciudadanos que entre 30 y 40 años están cotizando hoy. ¿Qué sentido tiene que a algunos les hagan cotizar al máximo cuando no van a poder cobrar una pensión acorde a lo aportado durante la edad laboral? Hoy les quitan una parte de su salario, que ya les rebajaron no hace tantos años con la excusa de crisis, para no dársela jamás.

'OMERTÁ'

Sí, en política existe la 'omertá'. El silencio interesado. El secreto bien guardado para que aún creamos en el vestido nuevo del emperador y sigamos en la rueda como hace el hámster.

Corra. Huya. Escóndase. Sí, pero ¿dónde? El Estado no puede asegurar la seguridad. Ni las pensiones justas. Ni el derecho al empleo. Ni a la vivienda. Y mientras unos tratan de parapetar sus beneficios de poltrona, otros los buscan para sí, agitando banderas emocionales. Al toro también lo burla un pedazo de tela, pero de nosotros se espera algo más. Vivimos en el acoso y derribo al de al lado. En el ataque sistemático y viral de los sospechosos habituales. Hace demasiado tiempo que nos olvidamos de la dignidad y el esfuerzo. Y de la exigencia para con nosotros mismos. Seguramente que sí, que debemos huir. Correr. Escondernos de nosotros mismos y de las vergüenzas que ocultamos colectivamente mientras salimos en manifestación para en cambio, gritar a favor o en contra de cualquier otra cosa.

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