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Nadal besa la Copa de los Mosqueteros.

REUTERS / BENOIT TESSIER

Histórico mucho antes de la 'décima'

Javier Duarte

Lo que ha hecho Nadal en París es remarcar para siempre quien es el rey de reyes

Me gustaría que quedara una cosa muy clara. Rafael Nadal ya era un tenista histórico antes de ganar su décimo título en Roland Garros. El 10 es un número muy mediático, que llama mucho la atención. Se habló mucho de la 'décima' Copa de Europa del Real Madrid, y el 10 es un número que han lucido en la espalda estrellas del fútbol como Pelé, Maradona y Messi. Pero la guerra de la historia, Nadal ya la tenía ganada desde mucho antes de levantar su décima Copa de los Mosqueteros en París.

Lo que ha conseguido el tenista mallorquín con su apabullante victoria sobre Stan Wawrinka es remarcar quien es el rey de reyes, para hoy y para siempre, por si alguien tenía aún alguna duda. Pasarán muchas generaciones antes de que salga un tenista de este calibre en tierra batida, superficie en la que Nadal ya ha dejado muy lejos al segundo mejor, el sueco Bjorn Borg. Se podrá decir que es el rey de la arcilla, pero no el mejor de todos los tiempos en todas las superficies, porque Roger Federer tiene 18 grandes y Nadal, 15. Pero el suizo, que tiene 7 títulos de Wimbledon en su haber (lejos del récord de 10 de Nadal en cualquier grande) también ha ganado solo una vez en París, y fue un año en el que no se tropezó con el mejor, que había perdido antes.

SUPERHOMBRE DE LA TIERRA

En la final de París 2017 hemos visto al superhombre de la Tierra, el número 1 de todos los tiempos sobre arcilla, ante un excelente jugador que, al igual que le sucedió al austriaco Dominic Thiem en las semifinales, vio que era imposible ganar a Rafa. El problema principal, tanto para Wawrinka como para Thiem, es que se vieron incapaces de poner en problemas al tenista mallorquín a pesar de haber empezado sus partidos a un nivel altísimo. Resulta que juegan su mejor tenis y Nadal les gana el primer set con una solvencia espectacular. Es un mazazo psicológico tremendo que ni uno ni otro fueron capaces de remontar.

Yo creo que, de haber podido, Wawrinka se habría marchado de la pista antes de acabar. Seguramente su equipo preparó el partido no para ganarlo, sino para recibir el mínimo castigo posible. Ven a un Nadal a un nivel tan alto que no encuentran ni un resquicio por donde cogerlo.

Pero, ¿por qué Nadal ha vuelto a jugar de esta manera tan impresionante? Creo que tiempo atrás perdió un poco de confianza. Pero ahora ha vuelto a jugar con las tres cosas más importantes para su tenis: dirección, velocidad y potencia. Nunca se equivoca de dirección y es capaz de jugar a un dedo de las líneas. La velocidad se refleja en sus movimientos, en la rapidez con que se mueve, no solo lateralmente sino en las bolas cortas, para ir hacia adelante y cogerlas lo más alto posible. Y la potencia es evidente, y además constante durante todo el partido. Además, la derecha le vuelve a funcionar como en los mejores tiempos y le ha añadido un revés cruzado espectacular.