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Editorial

Los Macron, en el colegio electoral de Le Touquet, donde han votado.

AP / CHRISTOPHE PETIT-TESSON

Macron revalida su poder

El presidente francés tendrá una cómoda mayoría en la Asamblea para aplicar su programa de reformas

Los franceses usan el término bouleversement para definir una situación de profunda alteración. Y eso es lo que ha sucedido en el Hexágono con la primera vuelta de las elecciones legislativas de ayer: una auténtica conmoción política con el amplísimo triunfo de La República en Marcha (LREM), la novel organización creada por Emmanuel Macron, que ganó la presidencia del país hace un mes, el 7 de mayo. El sistema electoral francés (mayoritario y con distritos unipersonales) facilita esta polarización absoluta, y los sondeos ya pronosticaban una cómoda victoria de LREM, pero la realidad ha superado las mejores expectativas del joven dirigente: según el escrutinio iniciado anoche, el nuevo partido ya puede dar por hecho que tendrá la mayoría absoluta de los 577 escaños de que consta la Asamblea Nacional.

La segunda vuelta, el próximo domingo, probablemente aumentará este muy confortable dominio parlamentario de Macron, que tendrá así una capacidad política enorme –aritméticamente, al menos– para impulsar las reformas que necesita la sociedad francesa, objetivo nuclear de su quinquenio en el Elíseo. El programa de Macron –que se ha definido como ni de derechas ni de izquierdas– y de LREM suscita grandes expectativas no solo en Francia, sino en muchas otras partes de una Europa que contempla a París como  el último dique de contención frente a la xenofobia y el aislacionismo que socavan el alma del Viejo Continente. La responsabilidad que recae sobre Macron, pues,  es grande, aumentada por su extraordinaria acumulación de poder en un mes y medio.

La contundencia del triunfo de LREM tiene el inevitable envés en el hundimiento del ultraderechista Frente Nacional, superado por Los Republicanos, y del Partido Socialista, relegado a la quinta posición (tras la Francia Insumisa) con menos del 10% de votos. Un lógico corolario de la gran decepción causada por la presidencia de François Hollande y las guerras internas del partido. Pero, lejos de la complacencia, Macron tampoco puede ignorar que la abstención fue ayer del 50%, un signo claro de cansancio que, combinado con la aplastante mayoría del presidente en la Asamblea Nacional, quizá anuncia que la auténtica oposición estará en la calle. Francia, en todo caso, ha mudado de piel.