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CRISIS BANCARIA

País de experimentos

Ramon Xifré

Una primera lectura de la intervención y venta del Banco Popular es que así se empieza a poner fin a la nefasta tendencia a privatizar los beneficios y socializar las pérdidas

El coloso naciente de la supervisión bancaria europea ha dado sus primeros pasos en España, con la intervención y venta del Banco Popular. Se trata de un caso con múltiples aristas, que puede ser analizado desde diferentes perspectivas.

Nuestro país es el primero donde se experimenta el nuevo esquema europeo de rescate de entidades financieras, según el cual es el sector privado –los accionistas y bonistas del banco– quien asume las pérdidas cuando se deteriora irremisiblemente el balance. Esta consigna surge como reacción en contra a los rescates públicos que sucedieron durante la crisis, bajo condiciones de urgencia y falta de previsión. Una primera lectura es que así se empieza a poner fin a la nefasta tendencia a privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.

Pero esta no es la única lectura. Probablemente hace dos meses no había otra opción que la que finalmente se ha tomado, pero eso no es cierto si nos remontamos a uno o dos años atrás. Ha habido tiempo, e incluso se han puesto facilidades, para recapitalizar el banco últimamente. Es cierto que formalmente el Santander ha comprado el Popular al Mecanismo Único de Supervisión europeo y que por tanto es el mecanismo quien debe afrontar las reclamaciones en primera instancia.  Pero quienes piensen que la transición hacia el Santander será un proceso limpio no pueden pasar por alto los episodios poco claros de la historia reciente del Popular. Los perjudicados por la operación probablemente no se quedarán quietos.

EL CASO DEL BANCO MONTE DEI PASCHI DI SIENA

Hay un par de lecturas que trascienden nuestras fronteras. El supervisor europeo ha actuado con el Popular pero, de momento, ha pasado de largo de Italia sin intervenir en el banco Monte dei Paschi di Siena (MPS).  No son entidades directamente comparables. En el caso español, se ha producido una pérdida sostenida de confianza en el banco por lo que le pueda quedar de activos inmobiliarios de dudosa solvencia. En el caso italiano, la fuente de erosión es la pesada carga de una economía que lleva mucho tiempo creciendo muy poco. Ahora bien, a pesar de las diferencias, la comparación entre lo sucedido en España y en Italia es incómoda, como opina Nicolas Véron de Bruegel. En el fondo, vemos como frente un mismo problema, la anunciada insolvencia de un banco de la eurozona, se recetan tratamientos muy distintos. En un caso las pérdidas las soportan los accionistas y bonistas, y en el otro las seguirá soportando el Estado (este parece que será el resultado real del acuerdo sobre MPS). La pregunta acerca del porqué de esta diferencia es pertinente y merece una respuesta.

Finalmente, y matizando en función de la respuesta a la pregunta anterior, este episodio sugiere que la integración europea avanza, a pesar de los gases populistas tanto de izquierda como de derecha. Los estados perdieron el control de política monetaria en 1999 y esta semana se ha visto hasta dónde llega la supervisión financiera europea centralizada. ¿Se atreverá la UE a continuar en esta línea, y sobre la base de la unión monetaria y bancaria, coordinar también políticas fiscales conjuntas? Y si no lo hiciera, ¿cómo se justifican esas dos cesiones previas de soberanía económica?

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