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Nadal, con Thiem.

EFE / TATYANA ZENKOVICH

Nadal, de otra galaxia

Javier Duarte

Dominic Thiem se dirigía, desesperado, a su equipo técnico, como diciendo: "Más fuerte a la bola ya no le puedo dar. Y no solo me las coge, sino que encima me gana el punto". El jugador austriaco se dio cuenta perfectamente ayer en París, en la pista central, de que delante tenía un jugador de otra galaxia.

No soy de apuntarme puntos, pero esta vez sí que lo voy a hacer. Incluso en los peores momentos, cuando se cuestionaba si Rafael Nadal podría volver al nivel en el que solía estar, siempre mantuve que volvería a la situación en que está ahora. Hubo una época en la que sufría mucho jugando, que no era él. Pero ya en el Roland Garros del año pasado, antes de verse obligado a abandonar, se vio que iba bien. Solo le faltaba enganchar un recorrido largo, sin lesiones, para volver a ser el mejor.

Thiem (23 años) pertenece a esa generación de jóvenes jugadores buenísimos, como Zverev (20) o Kyrgios (22), que están llamados a protagonizar un relevo generacional que está lejos de producirse. Su problema es que han coincidido con los dos mejores jugadores de todos los tiempos, Rafa y Roger Federer, y con ellos no han podido, ni pueden.

Nadal vuelve a estar impresionante. Físicamente está como nunca, tiene la rapidez de piernas, las ganas y la ilusión de hace ocho años, pero con mucha más experiencia. Y ha mejorado en algunos aspectos. En cómo entra en la pista. Cuando tira largo camina hacia adelante como un tigre para dominar con zambombazos con la derecha, paralela o invertida, y con un revés cruzado en el que vuelve a confiar. Lee bien las jugadas y entra y sale con mucha facilidad de la pista.

El español es el favorito en la final con Wawrinka, no me cabe duda, aunque el suizo puede ser más duro ahora mismo que Murray. Pero sabe que deberá jugar al nivel en que lo hizo Thiem durante un set y medio..., pero durante cuatro horas.