10 abr 2020

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Aplicaciones de un teléfono móvil.

AFP / JUSTIN SULLIVAN

Derecho a desconectar

Neus Tomàs

¿Cuántos minutos, horas de vida nos perderemos por estar tan pendientes de una pantalla?

Me explica un amigo que ocupa un cargo en una importante entidad bancaria que en su empresa han prohibido los grupos de WhatsApp si son para hablar  de cuestiones de trabajo.Tampoco pueden enviarse correos el fin de semana o fuera del horario laboral. Sí, al tratarse de un banco no hay urgencias. O sí, pensará más de un jefe o de un trabajador, pero se ha llegado a la conclusión de que nada es lo suficientemente grave como para invadir el espacio personal de un compañero. Interesante reflexión. Es evidente que hay momentos y momentos. Y profesiones y profesiones. ¿Cuándo se puede molestar a un director de hospital? ¿Y al pediatra del niño por esas décimas de fiebre que a cualquier madre primeriza nos han quitado el sueño?

Los responsables de los cuerpos de seguridad viven en una guardia permanente y los periodistas nunca hemos tenido horario, esa era una de las virtudes de esta profesión. También es cierto que en nuestro caso con la llegada de internet la virtud se ha convertido en esclavitud.

EL TIEMPO PERDIDO

Ocho de cada diez españoles lo primero que hacemos al levantarnos es mirar el teléfono móvil. Cuántos minutos, horas de vida nos perderemos por estar tan pendientes de una pantalla…Cuánto tiempo le habremos robado a nuestros hijos o cuántas buenas charlas de pareja y silencios cómplices se han perdido por culpa de estar curioseando en una red social. Seguro que hay tiempo para todo, seguro, pero también debe haber un límite. Entre ir a un restaurante en el que están prohibidos los 'smartphones' y pasarte la cena consultando el tuyo hay un término medio. La conclusión parece lógica: El límite solo puede ponérselo uno mismo porque la hiperconectividad lleva a un aislamiento poco deseable.

¿Quién no se ha enfadado al ver a una cuidadora en el parque por pasar más rato mirando el teléfono que vigilando a la criatura y en cambio no ha reparado en que él o ella han hecho lo mismo en similares situaciones?  Encima, esperamos que nuestros hijos no actúen así. Pues igual este fin de semana podemos practicar con el ejemplo y dejar un rato el móvil en casa.