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Código Penal y sentimientos religiosos

LEONARD BEARD

LEONARD BEARD

Lo que supone la persecución de quien da rostro a un dios, a un profeta, lo sabemos perfectamente en los tiempos que corren

Una cofradía de Jaén ha llevado a juicio a un chaval de 23 años por ponerle su cara en Instagram a una imagen del Jesús despojado. Se denuncia lo que se es. Se persigue en los otros la herida que se lleva dentro. También a Jesús le llevaron a los tribunales con una delación. En 'Jesucristo superstar' los 'hippies' le cantan "hosanna" y los soldados le asestan a ritmo de rock los 39 latigazos. En la versión española, Camilo Sesto dio su cara a Cristo para escándalo de los ultras del año 75.

El Jesús despojado al que la Hermandad de la Amargura de Jaén venera es el Jesucristo desnudo y agonizante. El último y más carnal de los Cristos, el que se haría también cadáver y por eso es el más humano. Jesús es despojado de sus vestiduras en el monte del Calvario cuando van a crucificarlo. Aunque no es esta escena la que se narra en los Evangelios, sino lo que ocurre a continuación: una vez crucificado, los soldados romanos hacen cuatro lotes con sus vestidos para repartírselos y, como no quieren romperla, echan a suertes su túnica. Lo cuenta Juan con más detalle y Mateo de forma concisa.

Precisamente, al Evangelio de Mateo recurrirá Pasolini para ponerle a Cristo rostro humano, cinematográfico (el cine fue la más humana de las artes del siglo XX). El papel de María, la madre de Jesús, se lo dará a su propia madre, Susanna Pasolini, y así el gran intelectual de nuestro tiempo profetizó su pasión en la noche de los chaperos y del terror de Estado a la orilla de una playa. Pasolini venía de practicar un cine realista donde tomaba a los actores de entre lo que se llamó subproletariado.

UN HOMBRE DE LA CALLE

Pero en 'El Evangelio según Mateo' necesitaba a alguien diferente para el papel de Cristo. Por supuesto "un hombre de la calle" (son sus propias palabras), que tuviera fe en la mirada. Por eso buscó a un poeta. Primero pensó en Kerouac, en Ginsberg, en Luis Goytisolo. Después se dirigió al poeta soviético Yevtushenko. Quería que el Cristo de Mateo tuviese el rostro de un comunista. Acabó dando el papel al estudiante catalán Enrique Irazoqui, porque se había hecho marxista bajo la represión de Franco y porque tenía 19 años. Para representar a los soldados de Herodes que perpetraron la matanza de los inocentes, dijo que se inspiró en "la chusma fascista". Dedicó la película a la memoria del papa Juan XXIII. Durante la presentación en el festival de Venecia, irrumpió un grupo ultra para detener el sacrilegio. En aquel festival, obtuvo el premio de la Oficina Internacional Católica del Cine. En París, se proyectó en la catedral de Notre-Dame.

Cristian va de otro palo. Lo suyo era un homenaje a Makaveli, una estrella del rap de lo 90 que murió a los 25 años tiroteado en Las Vegas

Rembrandt también lo había hecho en tiempos en que el puritanismo protestante limpió de representaciones de Cristo las iglesias de Holanda. Tituló una de sus pinturas: 'Cabeza de Cristo del natural'. Esa fue su osadía. No idealizaba el rostro de Jesús, como era tradición, sino que buscó un modelo entre la gente humilde del barrio judío de Amsterdam.

Lo que supone la persecución de quien da rostro a un dios, a un profeta, lo sabemos perfectamente en los tiempos que corren. Siempre ha sido así. "No puedes ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y sin embargo vivir", dice el Dios del Antiguo Testamento. Para que viéramos su rostro, mandó a Cristo a la Tierra. Lo dijo en el 2001 el papa Juan Pablo II en su carta apostólica 'Sobre el nuevo milenio naciente'. Dijo que la identidad del cristiano de este nuevo milenio es poder contemplar el rostro de Cristo, el cual se halla en "el rostro del hermano doliente".

KARDASHIAN Y MAKAVELI

"Pensaba que no estaba haciendo nada malo", ha dicho el joven Daniel Cristian Serrano. Y por eso no quiso retirar su montaje cuando se lo exigió la cofradía. De hecho, poco antes la famosa Kim Kardashian le había dado su rostro a la Virgen, y se hartó de vender velas.

Pero Cristian va de otro palo. Lo suyo era un homenaje a Makaveli, una estrella del rap de los años 90, que murió a los 25 años tiroteado en Las Vegas tras salir de un combate de Myke Tyson. Otro ser al que adorar, un Cristo negro nacido en el Harlem hispano (por eso también se hacía llamar Tupac Amaru), cuya estirpe no se remontaba al rey David sino a la cárcel y a los Panteras Negras.

Los pobres se reconocen entre sí, como se reconocen en Jesús. Basta con ver una foto de este chico. Un chaval de barrio. Un hombre de la calle. El rostro de un hermano doliente. Su gorra Vans de imitación de mercadillo, la sudadera, el 'piercing' de toro en la nariz... La expresión de una estirpe humilde. Y además se llama Cristian. ¿Quién le puede negar el derecho a ser el rostro de Cristo?

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