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Editorial

El president, Carles Puigdemont, durante el anuncio de la fecha y la pregunta del referéndum.

JULIO CARBÓ

Ahora sí, hacia el choque institucional

Con el anuncio de la pregunta y la fecha del referéndum unilateral, Puigdemont cumple la hoja de ruta más extremista del 'procés'

Nada es aún irreversible (excepto, tal vez, los puentes quemados de confianza política y lealtad institucional), pero con el anuncio formal ayer del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, de la pregunta y la fecha del referéndum unilateral se ha puesto en marcha de forma definitiva el camino hacia el choque institucional. Cierto es que aún no hay ningún decreto firmado que haga posible la actuación de la justicia, pero con la pregunta y la fecha Puigdemont hizo bueno su «referéndum o referéndum», cerró la ficción de una consulta acordada con el Gobierno y cumplió la hoja de ruta más extremista del procés, aquella que tiene prisa y que le exigía al president que pusiera las urnas. Aún no hay censo, ni urnas, ni papeletas, ni junta electoral ni, sobre todo, convocatoria, pero lo que Puigdemont anunció ayer no es un proceso participativo. Las voluntades políticas, pues, están claras.

La correlación de fuerzas, también. A Puigdemont le acompañaban su Govern y los diputados de Junts pel Sí y la CUP, una magra compañía para una supuesta jornada histórica: juntos ostentan una escasa mayoría parlamentaria y son minoría en votos. Con este bagaje embarcan a Catalunya en un camino de incierto final, ilegal bajo el actual ordenamiento jurídico, y sin ningún apoyo fuera de las filas independentistas, pues la consulta dista mucho de tener las garantías que, por ejemplo, exige Catalunya en Comú. Cabe insistir en que el camino unilateral solo lleva al abismo.