04 jul 2020

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La enseñanza superior en Catalunya

Manifestación de estudiantes universitarios por el centro de Barcelona contra los recortes en educación.

DANNY CAMINAL

La universidad, como el 'Titanic'

Joan Ridao

El Govern quiere liquidar a medio plazo la función pública universitaria y liberalizarla al peor estilo 'neocon'

Hace poco, un barómetro del CEO y un estudio de la Oficina Antifrau revelaron que las universidades catalanas son las instituciones mejor valoradas por la sociedad catalana. Periódicamente aparecen 'rankings' (Shanghái, Times Higher Education) que sitúan a las universidades catalanas como las mejores del Estado, pero lejos de las primeras posiciones mundiales. A nuestros gobernantes les falta tiempo para felicitarse públicamente, pero lo cierto es que se trata de un espejismo, porque esto es producto de las publicaciones e investigaciones iniciadas hace años. Vivimos de rentas.

RIESGO DE FOSILIZACIÓN

El gran problema es que, como pusieron de relieve los rectores de la UB, la UAB y la UPC hace unos días, las universidades siguen siendo las grandes olvidadas. Esto explica que hayan perdido la centralidad social desde hace años y que hayan dejado de ser el ágora del debate ciudadano que eran en los años de la Transición. El problema de su falta alarmante de financiación ha llevado a un progresivo envejecimiento de edificios, instalaciones, 'hardware' o bibliotecas. Un solo ejemplo: la Generalitat aportaba en 2010-2011 entre 20 y 22 millones de euros para el mantenimiento de instalaciones, y ahora aporta 1,5. El riesgo de fosilización es real.

NEGRAS PERSPECTIVAS

Ahora bien, el problema no es solo la escasez de recursos presupuestarios, debido a la crisis o no. El problema arranca de la profunda desconfianza de los sucesivos gobiernos hacia la universidad pública. La voluntad del Ejecutivo actual, nada disimulada por otra parte, es la de liquidar a medio plazo la función pública universitaria y liberalizarla al peor estilo 'neocon', inspirándose en el sistema americano, con el pretexto de acabar con la endogamia, fomentar la movilidad y atraer talento internacional. Esto ha llevado a eliminar la promoción de los jóvenes profesores formados en las mismas universidades y a incrementar obsesivamente el control externo de la estabilización del profesorado. Por eso el 66% de los docentes e investigadores tienen entre 45 y 65 años, y el 36% son mayores de 55. Las perspectivas para los jóvenes que han hecho el doctorado o se han quedado a investigar en la universidad son tan negras que o se van al extranjero o se tienen que buscar otro trabajo.

La universidad vivirá la depuración biológica que algunos esperan. Pero a costa de convertirse en un auténtico solar 

Se puede objetar que desde el 2012 hasta el 2016 las universidades solo podían contratar a un profesor por cada diez que se jubilaban, por imposición del Ministerio de Hacienda. Pero desde el momento en que la tasa de reposición ha pasado a ser del 100% solo hay que echar un vistazo al BOE cada día para ver cómo las universidades de todo el Estado se están poniendo al día, mientras que aquí no se crean plazas de funcionario y los contratos laborales se hacen con cuentagotas. Mientras tanto, eso sí, se fomenta la competencia y el dirigismo científico a través de entidades alejadas de la universidad, como el Barcelona Institute of Science and Technology (BIST).

ATRAPADAS POR EL ENDEUDAMIENTO

Se puede contrargumentar, igualmente, que la Generalitat ya ha impulsado el Plan Serra Hunter para captar nuevo talento. Pero el Govern determina el número de contratos, nombra parte de los tribunales y determina el número y las características de las pruebas, el calendario y los criterios de valoración de los candidatos. Y deja de lado que, hoy en día, el profesorado en formación ya ha tenido que superar previamente un considerable vía crucis para acreditar su calidad y formación a través de los procesos de evaluación realizados por las agencias públicas de calidad universitaria. También se puede decir que se trata de un programa al que las universidades se pueden adherir de manera voluntaria. Que es una vía más para contratar personal docente e investigador, al margen de lo que hagan las universidades por su cuenta. Pero esto es una falacia. El plan se aprovecha de que las universidades están atrapadas por su endeudamiento y porque, con la falta de recursos, se han visto obligadas a frenar la promoción y estabilización de plantillas. El círculo vicioso está servido: ante la falta de recursos humanos y la precarización, las universidades recurren a contratar falsos profesores asociados. Esta figura, concebida para favorecer la colaboración de profesionales externos que aportan su 'know how' y no cobran prácticamente, no puede tener un régimen de dedicación que favorezca la creación de un entorno de investigación y de vida académica estable y fructífera. Por esta vía, el profesorado pasará a ser un colectivo de instructores transeúntes.

Por este camino, la universidad vivirá la depuración biológica que algunos esperan. Pero a costa de convertirse en un auténtico solar. Vamos a ser espectadores de una inexorable y fatídica descapitalización de recursos humanos. Y las rentas del pasado acabarán, y con ellas los 'rankings' deslumbrantes. Por ello, y disculpen el tópico, la universidad catalana se parece peligrosamente al 'Titanic'.