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Falsas soluciones pero aparentes

Salvador Sabrià

El Gobierno no consigue, o no quiere, dar una salida fácil y ágil a las cláusulas abusivas

Se han puesto en marcha los juzgados especializados en cláusulas abusivas relacionadas con la compra de una vivienda crédito. Sobre todo, creados a partir de las sentencias que dejan muy claro que la gran mayoría de las cláusulas suelo de los últimos años del 'boom' inmobiliario eran irregulares, abusivas y, por ello, nulas desde el momento en que se firmó el contrato. El Gobierno primero minimizó el problema. Confió en las artes del Tribunal Supremo para sortear cualquier tipo de medida que favoreciese la de entrada a los consumidores. Hasta que la justicia europea dejó claro que si una cláusula es abusiva lo es desde su nacimiento. Y cuando ya no ha hubo más remedio que actuar, el Ejecutivo de Mariano Rajoy, sí, aquel de la ley siempre por delante de todo, se sacó de la chistera un método extrajudicial para acelerar los trámites a los clientes afectados, en teoría.

Desde muchos foros, incluido este artículo semanal, se advirtió de que el citado sistema dotaba de mayor capacidad de decisión al banco que al hipotecado, y difícilmente acabaría con la ola de demandas que se estaba empezando a formar. Fue la primera de las falsas soluciones, pero aparentes, que se pusieron sobre la mesa. Han pasado unos meses y lo previsible y anunciado ha sucedido: la ola ha llegado. Ante grandes problemas, grandes soluciones: si se van a colapsar los juzgados, se crean algunos de especializados para evitarlo y ya está. No hay nada mejor para optar al fracaso que obviar la opinión de los que gestionan el día a día de los problemas antes de tomar una medida. Los jueces decanos exigen más personal y medios en todos los juzgados y no una nueva estructura que además tardará mucho tiempo en tener capacidad real de actuar y dictar sentencias.

El estilo de ordeno y mando acaba siendo perjudicial para el sistema. Sobre todo si lo que se ordena no hay capacidad para ejecutarlo. Hay directivos, empresarios y políticos que creen que por el simple hecho de crear una norma el problema ya está solucionado. La enseñanza es otro de estos ámbitos en los que se suele actuar con este peculiar método. ¿Surge un nuevo problema social? No pasa nada, se dicta el protocolo adecuado y que lo cumplan los que ya no saben cuántos protocolos les han impuesto sobre los temas más variopintos, desde el código de circulación, hasta la prevención del terrorismo islámico o de la pederastia.

Ahora se está abriendo un nuevo frente judicial con los casos de clientes que hicieron un pago a cuenta para un piso sobre plano a un promotor que iba a medias con un banco, pero que no acabó construyendo el edificio. El cliente se quedó sin piso y sin dinero. Los tribunales han sentenciado que la entidad financiera también es responsable y debe devolverle la cantidad que adelantó, además con intereses. Algunos bufetes de abogados calculan que hay cientos de miles de casos como el del fallo. Veremos cuánto tiempo pasa hasta que el Gobierno aporte otra solución falsa. 

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