09 abr 2020

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MIRADOR

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, momentos antes de la votación del proyecto de Presupuestos del Estado,en el pleno del Congreso de los Diputados.

JUAN MANUEL PRATS

La corrupción terminará con Rajoy

Carlos Elordi

En el PP no hay rastro de disidencia, pero muchos cuadros del partido no están dispuestos a sacrificar sus carreras

La corrupción terminará con la carrera política de Mariano Rajoy. Dentro de no mucho. Pero no se sabe cuándo, en qué momento se producirá una conjunción de fuerzas suficiente para doblegar su resistencia. El presidente del Gobierno recibe cada semana un nuevo golpe, se debilita imparablemente, al tiempo que la situación general se deteriora. Pero aún controla instrumentos para seguir aguantando, para creer que puede esperar a que pase el chaparrón, tal y como viene haciendo desde hace años. Sin embargo, todo indica que esta vez no lo va a conseguir.

Rajoy no se va a ir por su propio pie. Habrá que echarle. Y para que eso se produzca, la creciente indignación de la opinión pública no solo habrá de coincidir con la presión de las fuerzas de la oposición, sino también con que sectores decisorios del gran empresariado y una parte del propio PP consideren que ha llegado el momento de buscar una alternativa. Esa conjunción de voluntades e intereses hoy no existe pero puede que en algunos despachos se esté hablando de ello.

Unidos Podemos está atacando en ese terreno. Pero es obvio que no va a ser el ariete que desencadene el proceso. Los demás partidos no van a darle el protagonismo en esta causa. El PSOE, que está empezando una transformación interna de enorme calado, necesita tiempo para fijar su línea política y para decidir cuándo y con quienes atacar directamente a Rajoy. Ciudadanos, que podría ser la clave de ese proceso, también está en fase de espera. Solo cuando crea que tiene una oportunidad clara y relativamente segura de ocupar una parte significativa del espacio político y electoral del PP, que es su gran objetivo, se lanzará a la pelea.

El poder económico no actuará ni un minuto antes de que la presión política sea realmente sólida. La buena marcha de los datos macroeconómicos no es precisamente un acicate poderoso para ello en estos momentos. Pero en ese mundo no son pocos los que se están haciendo ya a la idea de que las cosas no pueden seguir como están, de que Rajoy no va a durar. Alguno ya lo dice, por supuesto en privado.

EL CONTROL DEL APARATO

En el PP no hay rastro alguno de disidencia que merezca tal nombre. Pero hay muchos cuadros del partido que no están dispuestos a sacrificar sus carreras a la suerte de Rajoy. ¿Esperarán a un nuevo batacazo electoral, a las próximas elecciones municipales y autonómicas, para levantar la mano o se atreverán a hacerlo antes arriesgándose a ser liquidados por un aparato que sigue controlando la situación interna?

Las cosas se pueden precipitar de un día para otro. Un nuevo escándalo, una nueva metedura de pata como el nombramiento del fiscal Moix, puede acelerarlas. Pero también puede ocurrir que se ralenticen a causa de otros factores. Por ejemplo, del previsto agravamiento de la crisis catalana. Pero esa distracción va durar mucho. Porque después de golpear sin compasión a los independentistas, como el Gobierno asegura que hará, habrá que sentarse a negociar. Y Rajoy no va a valer para eso. Y la necesidad de sustituirlo recuperará fuerza también por ese motivo.