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EN CLAVE EUROPEA

China, socio problemático de la UE

Eliseo Oliveras

Pekín aspira a reforzar su papel como aliado estratégico de Europa en la era Trump pero las divergencias democráticas y los conflictos comerciales limitan los lazos

China quiere aprovechar el distanciamiento de EEUU de sus tradicionales aliados europeos, provocado por el presidente Donald Trump, para reforzar su papel como socio estratégico de la Unión Europea (UE). Pero, más allá de la coincidencia de Europa y China en la importancia de la lucha contra el cambio climático y la priorización de los medios diplomáticos en la resolución de conflictos, Pekín sigue siendo un socio problemático para la UE. No sólo por el autoritarismo del propio régimen chino y el contencioso de los islotes en la crucial ruta marítima del Mar de la China Meridional, sino también por el abuso del libre comercio a expensas de la UE y su limitado respeto a las normas de propiedad intelectual.

Para alivio europeo, el primer ministro chino, Li Keqiang, reafirmó el compromiso con los Acuerdos de París sobre el cambio climático tras al anuncio de Trump de retirarse del mismo. China, principal emisor mundial de los gases que recalientan el planeta, ha comenzado a reducir el consumo de carbón como fuente energética y se ha convertido en el primer inversor en energía renovable y de bajas emisiones (91.000 millones en el 2015), según el Institute for Energy Economics and Financial Analysis de EEUU.

Tras el giro proteccionista anunciado por Trump, Pekín se ha postulado junto a la UE como paladín mundial del libre comercio. Pero es precisamente en ese ámbito donde existe un grave conflicto entre la UE y China, que impidió en la cumbre bilateral adoptar este viernes una declaración conjunta. En primer lugar, compañías chinas con el apoyo del Estado están comprando prácticamente sin restricción empresas europeas, especialmente en sectores tecnológicos clave, mientras que los europeos tienen vetada la entrada en unos sectores y están sometidos a fuertes restricciones en otros.

China compra empesas europeas exto destacado

La ideología neoliberal dominante en la UE ha conducido a que Europa haya estado sacrificando "sus empresas en el altar del libre mercado" sin tomar medidas para proteger su ventaja tecnológica, como denunció el ministro alemán Sigmar Gabriel después de que la china Midea comprara el año pasado la robótica alemana Kuka por 4.400 millones. China invirtió en el 2016 más de 35.000 millones en comprar empresas europeas (el 77% más que en el 2015), mientras que las compras europeas de firmas chinas cayeron por cuarto año consecutivo hasta limitarse a 7.700 millones. El objetivo de Pekín es equiparse a Occidente comprando la tecnología y las patentes que necesitan vía la adquisición de empresas.  

La comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, reconoce que Europa debería tener "normas contra la toma de control extracomunitario de empresas que se consideren críticas", pero la Comisión Europea sigue sin proponer medidas efectivas concretas. Mientas tanto, Alemania ya ha comenzado a actuar por su cuenta y en octubre vetó la compra china de la firma de semiconductores Aixtron.

Otro problema lo constituye el déficit comercial de 174.500 millones de la UE con China (2016), favorecido por el dumping que practican las compañías chinas con el respaldo y los subsidios del Estado, y las  amenazas de Pekín de restringir las exportaciones europeas de coches. La comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, critica que las reiteradas promesas de reforma y liberalización chinas "no son seguidas de hechos concretos" y las industrias europeas (Alemania, Francia e Italia) se quejan de la lentitud de la Comisión Europea en actuar. Mientras, China considera que por su tamaño puede permitirse no asumir los principios de reciprocidad y simetría en comercio e inversión.

La actividad diplomática china está regida por la búsqueda de una estabilidad internacional minimalista de bajo coste, señala el historiador François Godement, que le garantice la obtención de las materias primas y el acceso a los mercados para la exportación.

China apoya una Europa unida para que sirva de contrapeso a las pretensiones hegemónicas norteamericanas y le garantice la estabilidad de la UE, su principal mercado mundial. Pero sería ingenuo pensar que puede sustituir a EEUU como aliado fiable. Además de las profundas divergencias democráticas, China basa la cooperación en lo que en cada momento beneficia su interés nacional, frente al modelo basado en principios de la UE. El modus operandi internacional de China, como recuerda Godement, se ha regido en las últimas décadas en escoger en qué comprometerse y en qué no y en rechazar el derecho internacional cuando perjudica su soberanía o a sus intereses fundamentales.

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