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Los trastornos de la anorexia

Una enferma de anorexia ingresada en un centro de trastornos alimentarios.

AFP

Enfermas en pantalla

Najat El Hachmi

Pongas el canal que pongas, aparecen mujeres en piel y huesos, mujeres que hemos visto menguar ante nuestros propios ojos día tras día

¿Quién pondrá freno a esta epidemia de anorexia que hay en estos momentos en televisión? ¿Podemos ver unos informativos sin que en pantalla salgan mujeres obviamente enfermas? ¿Qué hacen las autoridades sanitarias para evitar que desde los canales públicos y privados se haga tan clara apología de este trastorno? ¿Es que no hay conciencia alguna de su gravedad?

Es algo evidente, no necesita ser demostrado: pongas el canal que pongas, aparecen mujeres en piel y huesos, mujeres que hemos visto menguar ante nuestros propios ojos día tras día. Pero nadie parece sorprenderse, nadie parece notarlo y ni los responsables de los programas y las cadenas ni las autoridades pertinentes no hacen nada para retirarlas del lugar de gran visibilidad que ocupan, contagiando así su enfermedad de forma masiva. Es cierto que la anorexia no se explica solamente por factores sociales, pero se sabe que es uno sus detonantes principales.

SALTAN LAS ALARMAS

Los médicos de empresa, ¿por qué no las obligan a cogerse la baja laboral hasta curarse como pasa con otros problemas de salud? Ellas, por supuesto, en la posición de negación que suelen adoptar –característica típica de las personas que padecen esta enfermedad–,  es evidente que no pedirán dejar su trabajo. Es escandaloso que quienes las rodean no hagan nada. «Saltan las alarmas» y se quedan tan anchos. ¿Nadie las obligará a someterse a una terapia?

Hay una epidemia flagrante y nadie parece reaccionar. Mientras tanto, vayan a la salida de cualquier centro de secundaria, descubrirán las consecuencias de esta falta de preocupación por parte de nuestras autoridades respecto a un tema que es de simple salud pública: muchas chicas, y algún chico, en edad de crecer, convertidos en cadáveres andantes, con unos bracitos que dan pena, bajo los ojos una sombra azulada y la mirada profunda de quien vive muriendo, menguando a cada instante.

Es urgente que alguien tome medidas drásticas para cortar de raíz este problema y que se empiece por retirar de la pantalla a cualquier persona que presente síntomas evidentes de enfermedad.

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