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IDEAS

Espera al Primavera, Bandini

Miqui Otero

"Estoy en la mesa de sonido de las escaleras. A la derecha mirando al escenario".             

Los grandes festivales de música son el 'airbnb' de la cultura: da igual en qué país estés, las bandas siempre son las mismas y los pisos siempre se parecen. También la gente que te encuentras. Suben los cachés de los grupos y los precios de la vivienda.

"Estoy donde nos encontramos a aquellas ayer. Sí, donde vomitaste".

Adolecen del 'efecto Rajoy'. Verás a tu banda a mucha distancia y en una enorme pantalla. O serás tú quien enarboles un móvil para verla a través de una pantalla más pequeña.

"Estoy aquí, al lado de las letrinas. En el tenderete de 'noodles'. ¿Me ves o no? Yatekomo".           

La música pop es democratizadora. Algunos festivales, no. Se debería instaurar la dación en pago de la hipoteca para comprar esos abonos. Es imposible no pasarlo bien cuando te has arruinado para entrar.

"Al lado de la botella inflable de cerveza. Donde pone 'Amb la música en viu'. Sí, donde los tickets de birra a cinco euros. Estoy levantando la mano. ¿Me ves ahora?".

Son el Construmat de la música. Se miden por el impacto en el PIB de la ciudad y pagas un dineral para que te atosiguen con anuncios.

 "Aquí, hombre, aquí. Allí no, aquí".

Los festivales son lo que pasa mientras vagas de un lugar a otro buscando lo que no encuentras y encontrando lo que no buscas. Mil redobles y conciertos a la vez. Son el mapa del tesoro cuando no hay tesoro.

"Es normal que no me veas. No he venido este año. Así que estoy mandando a números al azar mensajes como estos: Estoy donde la cola. Estoy donde los gofres. Estoy donde perdí los pantalones. Estoy sembrando el caos. Estoy en mi casa. En pijama. Estoy en el futuro, cuando taso en una columna la toxicidad de los festivales porque no estoy en uno de ellos inventándome una crónica o buscando a alguien o buscando algo o brillando o ciscándome en las pancartas de marcas o perdiéndome a mi grupo favorito o viéndolo o queriendo irme".

Los festivales son un espejo y una pantalla de ordenador con 15 ventanas abiertas. No un libro. "Espera a la primavera, Bandini", le decían al protagonista de la novela de John Fante cuando quería salir a jugar pero afuera nevaba.

"Ya te veo". 

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