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El plan soberanista

Paralelismo obsceno

Joaquim Coll

Situar en el mismo plano, como hace Puigdemont, el retorno de Tarradellas y el 'procés' es olvidar que el franquismo no era un Estado democrático

Uno de los paralelismos históricos más obscenos que hacen Carles Puigdemont y Oriol Junqueras en pos del referéndum es utilizar el episodio del retorno de Tarradellas y el restablecimiento de la Generalitat en 1977. Argumentan que si entonces hubo voluntad política por parte de Adolfo Suárez para encontrar una pasarela que permitiera anticipar el autogobierno, ahora se podría hacer lo mismo para satisfacer el deseo de autodeterminación. Argumentan que si entonces pudo hacerse antes de aprobarse la Constitución y cuando todavía estaba vigente la legalidad franquista, ahora también podría hacerse. El paralelismo es obsceno porque sitúa en un mismo plano el sistema nacido en 1978 y la dictadura y olvida una diferencia fundamental. Ciertamente, durante el franquismo existía una legalidad, en todos los regímenes hay leyes, pero no era un Estado democrático y de derecho. Por eso Suárez pudo derogar por su propia voluntad la ley de 1938 de supresión de la autonomía o legalizar, antes de las elecciones de junio de 1977, al Partido Comunista. 

El problema es que el separatismo actúa como si nada hubiera ocurrido desde entonces, o como si la legalidad que nace con la Constitución tuviera el mismo valor que la franquista y debiera amoldarse a su deseo. La carta de Puigdemont al Gobierno español es un claro ejemplo de este planteamiento. En una entrevista a 8TV el president ha declarado que «la ley no puede estar en contra de la voluntad popular» y que «el método no puede ser el problema». Es una forma muy inquietante de entender la democracia. La prueba es la forma cómo pretende tramitarse la desconexión y el contenido autoritario de un borrador que se ha filtrado de la ley de transitoriedad jurídica. Desde Junts pel Sí lo han desmentido porque se trata de un texto «desfasado», dicen, pero alguien lo habrá escrito y concuerda con las amenazas proferidas por Santiago Vidal Lluís Llach. En democracia no se puede pasar de la ley a la ley sin respetar los quórums y los procedimientos de reforma. Ni se puede actuar unilateralmente. Pero el separatismo es obsceno y tramposo. 

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