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Contrapunto

La 'big' revolución ya ha llegado

Salvador Sabrià

Vuelos intercontinentales de bajo coste. Grandes aerolíneas tradicionales que crean su propio sistema de intermediación para disputar el negocio a los sistemas de reservas, como Amadeus, que cambiaron la forma de comprar billetes hace solo unos años. La digitalización aplicada a actividades tan poco proclives al cambio como la construcción. Comprar productos frescos por internet y disponer de ellos en casa en pocas horas y a precios competitivos incluido el transporte. Debates entre economistas, empresarios de negocios tradicionales y de las nuevas formas de vender, transportar, alquilar e incluso producir. Son ejemplos de hechos que han sucedido esta semana y en un marco tan reducido como la provincia de Barcelona. Y son a la vez la constatación de que la llamada cuarta revolución, la que une la robótica industrial con la colaborativa y esta a su vez con la digitalización, el tratamiento masivo de datos y la interrelación entre ellos casi al instante forman parte ya de nuestra vida cotidiana.

En el salón internacional de la construcción, BBConstrumat, que se ha celebrado en la Fira de Barcelona esta semana, se han podido ver y analizar el impacto que tendrán en este sector la tecnología, la fabricación de materiales con impresoras 3D, o cómo mejorará el control de las obras con sistemas como el BIM. Hasta hace poco solo lo utilizaban ingenierías punteras, pero ahora se quiere implantar en la Administración, para mejorar la obra pública y reducir sus costes y su mantenimiento. En el aeropuerto de Madrid, una compañía que provocó una ruptura en el sistema tradicional de transporte aeronáutico: Ryanair, acaba de llegar a un acuerdo, aunque sea en principio solo de carácter comercial, con una aerolínea de las consideradas tradicionales como Air Europa para beneficiarse mútuamente de los pasajeros que transportan, ofreciendo lo que vendrían a ser vuelos de conexión. Impensable también hace solo cuatro años.

Y en Barcelona, la próxima semana se estrenarán los vuelos baratos directos a Estados Unidos de la marca low cost de Iberia, Level. Una respuesta rápida al anuncio de la escandinava Norwegian de convertir el aeropuerto de El Prat en una de sus bases de vuelos intercontinentales directos a bajo precio. Al final, las fronteras se diluyen, las compañías tradicionales se ven forzadas a adaptarse a la nueva manera de viajar y las low cost a ofrecer servicios complementarios, cobrando siempre por ellos eso sí, pero que hasta hace poco no entraban en su sistema de negocio. 

Todo va muy de prisa. ¿Todo? En esta vorágine, y a pesar de los múltiples avances que permite la tecnología, continúan formándose colas innecesarias en los aeropuertos porque falta personal para ajustar el control de pasaportes a unos cambios legales previstos desde hacía meses. 

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