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Dos miradas

Carles Puigdemont, durante su conferencia en Madrid sobre el referéndum, este lunes.

JUAN MANUEL PRATS

Ensalada

Emma Riverola

Más allá de esta ensalada de Oz, 'Braveheart' y 'El Padrino' que es el 'procés', ¿qué tenemos al otro lado? El imperio de la ley... y la nulidad de la política

A pesar de las llamadas a ampliar la base social, el 'procesisme' ya solo habla a los suyos. En su lenguaje se entremezclan exaltaciones de un futurible independiente, munición para el adversario para degradarlo hasta límites falaces y sonoras evasivas cuando se sienten pillados en falta. Como las que han acompañado a la publicación de un borrador de la “ley de desconexión”. En ella, entre otros temas, se propone el catalán como única lengua oficial. El castellano mantendría sus usos “vigentes”, no el status actual que contempla la oficialidad de ambas lenguas.   

Solo los que ya creen pueden tragarse la tesis de pureza y superioridad democrática del ‘procés’, mientras Germà Gordó se declara víctima de la guerra sucia o JuntsxSí y la CUP impiden que Lluís Llach rinda cuentas al Parlament por sus supuestas amenazas a los funcionarios.

Pero, más allá de esta ensalada de Oz, Braveheart y El Padrino, ¿qué tenemos al otro lado? El imperio de la ley… y la nulidad de la política. El desprecio a la amplia base social que apoya la independencia, la reducción de la causa a un simple devaneo de sus políticos (más de uno sin altura política, reconozcámoslo) y las ofertas torticeras de diálogo (meras trampas que buscan la humillación). El gobierno catalán y el español viven enrocados en una jugada que, hasta ahora, les ha dado réditos particulares. Para el siguiente movimiento podrían recordar aquello del bien común.