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Ricard III y Pedro Sánchez I

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Lluís Homar junto a Lina Lambert, en ’Ricard III’.

Lluís Homar junto a Lina Lambert, en ’Ricard III’. / MAY ZIRCUS

Pasan cosas tan raras como en tiempos de los Plantagenet y los Tudor. Mientras el TNC escala la cumbre más alta con el 'Ricard III' de Xavier Albertí y Lluís Homar, Pedro Sánchez I, coronado de mentirijillas y luego proscrito por impostor, es catapultado por el pueblo al trono de los socialistas. Mientras Ricardo III, el protagonista deforme y malvado de la única obra de Shakespeare dramáticamente inverosímil, grita "mi reino por un caballo" y muere sin que haya quien se lo cambie, Pedro Sánchez I, el resucitado, cabalga con una aura de vencedor tan resplandeciente que no deja espacio para más conspiraciones de la antigua nobleza.

Mientras Ricardo III sueña con el interminable desfile de los inocentes que ha asesinado para llegar a un poder a la postre efímero, Pedro Sánchez I observa cómo sus asesinos se convierten en cadáveres. "Mañana en la batalla piensa en mí", repetían los muertos a Ricardo III, lo mismo que el espectro de Pedro Sánchez I debía de susurrar en sueños a Felipe González y Susana Díaz. La Inglaterra del siglo XV y la España del siglo XXI desprenden un tufo parecido: cambio de dinastía.

La Inglaterra del siglo XV  y la España del XXI desprenden un tufo parecido: cambio de dinastía

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Ha costado lo suyo que el TNC abandonara el populismo escénico de épocas anteriores y se convirtiera en el templo de la cultura que soñó Flotats. Ha costado, pero este Ricard III lo certifica. Más costará, es de temer, que Pedro Sánchez I llegue a convertir España en el país que desean quienes, con su voto inapelable, han enterrado al PSOE como mansa sucursal del PP.

Cuando escribía Ricardo III, un todavía poco experto Shakespeare hacía pruebas con escenas históricas contrarias a la verosimilitud escénica. Enamorar a una princesa a quien acabas de matar al marido y al padre, el rey, de cuerpo presente en el escenario, es del todo imposible, pero Ricardo III lo consigue. Lo que pasó el domingo tampoco es verosímil, también se sale de cualquier guion, pero habrá que ver si adquiere grandeza o degenera en esperpento.