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LAS PRIMARIAS SOCIALISTAS

Pedro Sánchez.

EFE / RAÚL CARO

Sánchez entierra el viejo PSOE

José A. Sorolla

El nuevo secretario general se cobra su venganza, pero haría bien en administrarla con prudencia; la unidad está lejana

Ni victoria ajustada ni división en dos bandos casi idénticos. El triunfo de Pedro Sánchez en las primarias ha sido rotundo, contundente, sin discusión, con alrededor del 50% de los votos. Esta victoria merece que las declaraciones previas de Susana Díaz y de Patxi López de que se iban a poner a disposición del ganador se cumplan, ya que los militantes se han pronunciado con una claridad abrumadora.

Y, sin embargo, la victoria de Sánchez no era nada fácil. La imparcialidad de la comisión gestora ha dejado mucho que desear en estos siete meses, igual que la designación de los redactores de la ponencia marco del próximo congreso de junio, dos 'susanistas', o las trabas oficiales a la financiación de la candidatura 'sanchista'. Por eso, cuando Díaz presentó en Madrid su candidatura, con una asistencia multitudinaria y una primera fila con todos los jarrones chinos del partido (Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba) el 'establishment' socialista pensó que todo estaba ya ganado. Pero Sánchez acaba de demostrar que todo estaba perdido. Porque su triunfo en las primarias significa una enmienda a la totalidad de las viejas prácticas políticas y de la connivencia con la gran coalición, una impugnación de las puertas giratorias y una resurrección de la dialéctica derecha-izquierda en tiempos en que se creía superada.

EL 'NO' A RAJOY

Sánchez se cobra así su venganza, que haría bien en administrar con prudencia porque recuperar la unidad del PSOE será complicado, pese a la lección de las urnas. Es cierto, como repetía Díaz, que el nuevo secretario general había dado muchos bandazos y había perdido credibilidad. Pero no entre los militantes, como se ha visto. Los acontecimientos desde la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy han dado además la razón a Sánchez, porque el Gobierno se ha espabilado para sacar adelante los Presupuestos sin el voto socialista, que se vendió como imprescindible para salvar el bloqueo político. Ocurre también que no se puede basar una campaña, como ha hecho Díaz, en el único argumento, que además está por demostrar, de que con ella llegaba el PSOE ganador. También está por demostrar que Sánchez entregue el partido a otros (Podemos), en lugar de construir un proyecto autónomo.

Frente a ello, como explicó en su entrevista en EL PERIÓDICO, Sánchez consideraba que su rival «no ha entendido los cambios en la manera de hacer política en España» y destacaba que lo que estaba en juego en estas primarias era  que «la izquierda pueda gobernar en un horizonte cercano en España». Este objetivo pasa necesariamente por un acuerdo con Podemos, pero con el PSOE en posición de dominio y no de partido subalterno, que es lo que Sánchez defiende, pese a sus equivocaciones en su relación con el partido de Pablo Iglesias.

Y la ventaja de Sánchez en casi todas las comunidades ha sido tan diáfana que ni siquiera sus adversarios le podrán achacar que ha ganado gracias a los votos del PSC.