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Al contrataque

¿Se imaginan al perdedor de una batalla reconociendo con el paso tiempo que fue una suerte perder por el bien de todos? Así lo ha hecho Vialli, la estrella de la Sampdoria, 25 años después de la final de Wembley

No sé si de aquí a 25 años tendremos algo digno que celebrar: el 25 aniversario de las primarias del PSOE, el 25 aniversario de la Liga de Málaga, el 25 aniversario del 'hit' 'Despacito'. No lo sé. No lo creo. Pero este año hace 25 de demasiadas cosas. Por ejemplo, este mayo de 2017 los del Barça teníamos cita con la nostalgia para recordar nuestra primera Copa de Europa, la de Wembley, la de Koeman, la de Cruyff tropezando cuando trataba de saltar una valla de publicidad tras el gol del holandés.

Hemos convertido la nostalgia en la metadona de las frustraciones del presente. Igual hasta me he pasado con la dosis porque reconozco que esta semana me he enganchado a cualquier cosa que oliese a Wembley. He visto el gol de falta más veces que el gallo de Eurovisión. También cosas que vosotros no creeríais: Stoichkov inventándose una anécdota por cada reportaje que le hacían (espero verle pronto en el polígrafo), he visto el gol narrado en todos los idiomas, incluso narrado por quien no pudo narrarlo, he vuelto a ver la final con la voz de Pou, lo he escuchado por la radio con la voz de Puyal, y diría que hasta he vuelto a sufrir: ya no recordaba que jugásemos tan mal aquel día. En algún momento de fatalismo culé he pensado que la falta en una repetición se iba fuera.

De todo lo visto, leído y escuchado me quedo con 'Informe Robinson'. El equipo de televisión de Michael Robinson es capaz de contarte cualquier historia como si fuese un cuento, y te quedas a gustito como si te lo hubiese contando tu padre antes de irte a dormir. Además siempre se fijan en la cara B: no se han olvidado de los perdedores. De entrada han vuelto a Kaiserlautern, mítica ciudad para el barcelonismo en la que un gol en el último minuto de Bakero (el 'momento Sergi Roberto' de los 90) nos permitió seguir vivos en la competición tras un partido penoso.

LA GENEROSIDAD DEL PERDEDOR

Y lo mejor: han vuelto a entrevistar a Gianluca Vialli, la estrella del Sampdoria que perdió aquella final. Vialli recordó los tres goles, tres, que falló durante el partido, y ni discutió la discutida falta a Eusebio que dio paso al gol de Koeman. El italiano tiene una última intervención en el programa que se convierte en un elogio a la derrota: «Si hay algo que cambiaría de mi carrera es el resultado final de aquel partido. Estoy convencido que sin aquella victoria el Barcelona no sería lo que es hoy y estoy convencido que ha sido mejor que ganara el Barcelona en vez del Sampdoria. El Barcelona debía ganar una Copa de Europa y por el bien del futbol es justo que la ganara». La generosidad del perdedor es una muestra de grandeza, es tan rara como seductora.

¿Se imaginan al perdedor de una batalla reconociendo con el paso del tiempo que fue una suerte perder por el bien de todos? Por ejemplo, ¿se imaginan a Susana Díaz o a Pedro Sánchez dentro de 25 años reconociendo que su derrota fue buena para el PSOE? ¿Se lo imaginan? Yo tampoco.

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