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No envidio por nada del mundo a quien se acueste este domingo como líder del PSOE

A estas alturas de la campaña socialista, hay pocas cosas tan claras como lo poco envidiable que será la gestión de la posguerra. Las primarias están siendo muy emocionantes hasta el final: ni siquiera el apoyo de todo el poder establecido del partido a Susana Díaz ha sido suficiente para cortar el vuelo de Pedro Sánchez a hombros de miles de militantes. Los que quedaron en el PSOE tras su traumática decapitación quisieron darle por muerto y no solo no pudieron, sino que afronta las votaciones con posibilidades reales de ganar. Eso ya dice mucho de la enorme brecha que hay entre los partidarios de la poderosa Díaz y los partidarios de Sánchez, a quien tantos barones consideran un apestado. 

A lo largo de estas últimas semanas, hemos escuchado muchas medias verdades. En mi opinión, no es cierto que la presidenta andaluza quiera que gobierne Mariano Rajoy, ni que el PSOE se abstuviera ante el PP con alegría. Tampoco es verdad que Sánchez sea el único que piense en lo que quieren los militantes. Su modelo de partido en la teoría se parece más a la concepción asamblearia de Podemos, sí, pero al exsecretario general del PSOE le preocupan bastante sus intereses personales, como a todos. Y quien diga lo contrario, me parece que miente. 

Creo que tampoco es real concluir que Rajoy prefiere que gane Díaz, como dijo su enemigo en las primarias. ¿Por qué va a preferir otro líder en el PSOE pudiéndose medir electoralmente otra vez con alguien a quien ha ganado siempre holgadamente? Es obvio que la interlocución -en mi opinión, imprescindible para algunos temas-, va a ser más fácil con ella que con él. Rajoy no soporta a Sánchez, porque considera que es un maleducado y un político vacuo. Pero al líder del PP lo que le interesa es un panorama polarizado, en el que él pueda confrontar con Podemos. O yo o los comunistas venezolanos, por simplificar su manera de pensar. Además, Rajoy sabe que, aunque gane la andaluza, los socialistas tendrán que buscar su sitio haciendo una oposición dura para recuperar la credibilidad ante los cabreados por la abstención. Así que la legislatura va a ser igualmente inestable con uno que con otro. Esto es, quizá, en lo único que se parecen Sánchez, Díaz e incluso Patxi López: en su necesidad de endurecer la labor de oposición para no dejar todo el espacio a Podemos. En lo demás, tal y como demostró el debate, tienen muy poco que ver. 

La discusión fue interesantísima; tan dura, que por momentos parecían de partidos distintos. No obstante, no tengo claro si los efectos sobre el potencial votante de una batalla tan encarnizada son positivos. Nunca ha suscitado entusiasmo en las urnas el gorrazo interno. Pero a mí, en general, periodísticamente me gustó. Ojalá pudiera ver un intercambio de pareceres igual entre Rajoy y Esperanza Aguirre o Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal... Lo que no envidio por nada del mundo es a la persona que se acueste el domingo como líder del PSOE. Tengo serias dudas de si es como para darle la enhorabuena o directamente el pésame. 

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