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Análisis

Ambiente en la Rambla del Poblenou y sus terrazas.

ALBERT BERTRAN

Síntoma de un problema y de su solución

Joan Subirats

Si la reforma del Poblenou se aborda con criterio, puede ser un referente ciudadano

Las tensiones que afectan a una ciudad como Barcelona proceden tanto del exceso de aprovechamiento de sus ventajas y fortalezas como del peligro de que se supere su capacidad de absorción del éxito conseguido y la falta de previsión o de dejación de responsabilidades en algún momento previo. Y en este sentido, el barrio del Poblenou es un buen ejemplo de ello. Síntoma del problema y, al mismo tiempo, con capacidad para encarar los retos planteados si se actúa adecuadamente.

Barcelona es una ciudad muy densa y con un déficit notable de espacios públicos. Por otro lado, no ha habido nunca una política pública de vivienda que pueda parangonarse con ciudades en Europa que sufren problemas parecidos. En ese escenario, el éxito turístico de la ciudad genera muchos beneficios, pero también efectos negativos innegables. No solo en las malas condiciones laborales de los que trabajan en el sector o en una ocupación excesiva del poco espacio público disponible, sino en presión inmobiliaria y en exceso de carga (número de personas y vehículos) en los enclaves que atraen a la gran mayoría de visitantes.

El barrio del Poblenou no tiene la presión del distrito de Ciutat Vella, pero la combinación de playa, barrio tradicional con una rambla de gran atractivo y la renovación que supuso la Vila Olímpica o la operación de conversión de su barrio industrial y de empresas de transportes en el actual 22@, le dan una significación propia en el panorama de la ciudad. Otro punto fuerte es que el tejido asociativo del Poblenou tiene una larga tradición, y sus organizaciones vecinales o las entidades sociales que están allí asentadas han ido demostrando a lo largo del tiempo tanto su capacidad de reivindicación como su voluntad de diálogo y su disposición a encontrar soluciones a los problemas planteados. Hace unos años lo hicieron con el Fem Rambla. Y ahora han organizado Ens plantem frente a los peligros de la masificación turística. La manifestación masiva y pacífica de los vecinos el viernes 5 de mayo acabó en el solar en el que se van a construir dos hoteles y que ha provocado grietas en uno de los edificios colindantes. El lanzamiento de huevos y de un bote de humo a dos hoteles de la zona por parte de un pequeño grupo no puede estigmatizar un movimiento vecinal sereno y responsable que trata de defender una manera de vivir y relacionarse.

UN CAMBIO DE PERFIL

En pocos años el Poblenou ha visto cambiado su perfil. La construcción de la Vila Olímpica atrajo a una nueva población, la iniciativa del 22@ a nuevos negocios y actividades, así como operaciones de vivienda que buscaban mantener la mixticidad de usos, y en pocos años se han asentado allí distintas sedes y estudios universitarios. Espacios emblemáticos como Can Ricart o Palo Alto están ahora pendientes de decisiones que afectarán a su actividad e inserción en el barrio. La combinación de industria, oficinas tecnológicas, makers, nuevas viviendas, comercio tradicional de proximidad, edificios universitarios y enclave turístico privilegiado (junto con la posible instalación de la Agencia Europea del Medicamento) puede suponer la ruptura de los frágiles equilibrios hasta ahora existentes, pero si se aborda con criterio puede ser un lugar en el que encontrar alternativas viables y sensatas que permitan una mejor distribución de costes y beneficios y una adecuada protección para los sectores sociales más vulnerables.

Las prioridades son controlar el crecimiento turístico (como recoge de hecho el PEUAT), evitar el colapso de la rambla (está en marcha un plan de ordenación singular), asegurar que el renovado interés por invertir el el 22@ implique una mejor ordenación de las iniciativas y un aumento de la vivienda pública disponible, y, al mismo tiempo, que todo ello se acompañe de los servicios públicos necesarios (escuelas, atención primaria, centros cívicos...).