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Adiós al hombre normal

Ramón Lobo

Se va François Hollande, el hombre que presumió de normalidad. Deja el cargo con la vitola de ser el presidente más impopular de Francia desde el final de la segunda guerra mundial. Llegó al Elíseo empujado por una ola de esperanza. Se presentó como adalid del lema “otra política económica es posible”, un Quijote dispuesto a enfrentarse a los molinos del ajuste y a la madrastra de todas las Europas. Llegó con ínfulas de ser el contrapeso de Angela Merkel. El combate, si lo hubo, duró un asalto, y acabó sometido a la realpolitik.

El presidente socialista aprobó recortes, promovió una reforma laboral que quiere profundizar Emmanuel Macron, se enfrentó a los sindicatos y a su base electoral. Pero sobre todo faltó a sus promesas. Hollande, un político culto y en ocasiones brillante, ha terminado atrapado por un axioma que gobierna el mundo: el nuevo siempre es peor que el anterior.

Parece la personificación del desvarío del Partido Socialista (PS), al que deja casi difunto. La mayor equivocación fue el nombramiento de Manuel Valls como primer ministro. Gustó su cotización en las encuestas como ministro de Interior: duro con la inmigración, fan de la 'identité'. Es injusto cargar en Hollande culpas que son colectivas y desnortamientos ideológicos que arrancan en la presidencia de Mitterrand, que se hundió con el barco de Greenpeace.

De sus gobiernos nacen productos tóxicos como el imitador de Sarkozy (Valls), retratado en su huida hacia Macron y en su primera traición: atacar al candidato oficial de su partido, Benoît Hamon. Pero también surgen otros excelsos como Christiane Taubira, exministra de Justicia que dimitió en protesta por la política antiterrorista. Pasarán los meses y Macron hará bueno a Hollande. Aparecerán los grises.

IZQUIERDA HUÉRFANA

Hablamos tal vez del último presidente socialista de Francia, al menos en su forma tradicional. El espacio de la izquierda sigue huérfano. Primero se quedó sin el Partido Comunista, laminado por la realidad que emergió del otro lado de Muro, y después sin la socialdemocracia, hundida por la globalizacióin y su mudanza al liberalismo. Esta es la versión que encarna Macron, un pos-socialdemócrata que no necesita disimular.

El resto de la izquierda sigue en búsqueda de un rostro y un discurso. Jean-Luc Mélenchon ha resultado un intento fallido, pero no tanto la base del movimiento La Francia Insumisa. Son tiempos de generosidad y flexibilidad, cualidades de las que carece. Es un hombre esculpido en odios: a los comunistas; a Hollande. Sus fobias, la incapacidad para pactar y un ego desmesurado le llevaron al error de la segunda vuelta. Él, que votó al corrupto Jacques Chirac en 2002 cuando se enfrentó a Jean-Marie Le Pen, no tenía autoridad moral para la equidistancia, y menos cuando la elección era entre posfascismo y democracia averiada.

Hay esperanza: algo importante se mueve entre bambalinas. Tres mujeres de prestigio -Anne HidalgoMartine Aubry y Taubira-, en la órbita de lo que fue el PS, acaban de lanzar junto a otras 200 personalidades Dès Demain (Mañana). Su referencia son los movimientos sociales, muy vivos en Francia donde existe una sociedad civil sólida y combativa.

Quizá su modelo sea lo que representa Ada Colau (amiga de Hidalgo, alcaldesa de París) en la izquierda catalana y tal vez española en el futuro. Un movimiento complejo que bebe de la socialdemocracia, antes de su contaminación, con un discurso radical en la defensa de los derechos sociales, los derechos humanos y la ecología.

Quizá sea tarde para que Dès Demain fructifique en las elecciones de junio, pero demuestra que la reconstrucción de la izquierda empieza a encontrar un camino.

REORGANIZACIÓN PROFUNDA

En España la alarma se concentra en la posible desaparición de partidos con siglas históricas, pero no por la evaporación de las ideas que decían defender. Estamos ante una reorganización ideológica profunda, un rearme ético que, en nuestro caso, nace del 15-M. El PSOE parece copiar los errores del PS y el Podemos posVista Alegre II los de Mélenchon, ¿o será al revés?

Si Hollande llegó al cargo empujado por la ilusión, Macron lo hace aupado por la resignación. Aunque no existan los salvadores y estemos cansados de comprar utopías y héroes que después resultan de cartón, Dès Demain tiene un halo fresco. Que sus impulsoras sean tres mujeres representa una revolución en sí misma.

La vieja política entregada a las élites se consume en su incapacidad de ser útil a la gente. La nueva cambia las siglas por palabras completas: En Marcha, Mañana, En Comú, Podemos, En Marea. Si existe la hartura y existen los votantes, no debería ser tan difícil. Solo es necesario olvidarse del poder y hacer política con mayúsculas, regresar a la ciudadanía.

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