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El exprimer ministro francés, Manuel Valls, en una conferencia de prensa.

REUTERS / VINCENT KESSLER

¿El entierro del socialismo francés?

José A. Sorolla

La huida de Manuel Valls hacia la mayoría presidencial de Emmanuel Macron, donde tendrá el campo libre sin oponente en su circunscripción, ha dinamitado el Partido Socialista (PS) francés, pero el exprimer ministro no ha hecho otra cosa que certificar una defunción anunciada. Dividido siempre en corrientes internas reconocidas por los estatutos, el partido refundado por François Mitterrand en 1971 llevaba en sus genes el germen de la división. Valls era el jefe de una de esas corrientes, la social-liberal, pero no es el único responsable de la fragmentación del PS.

Zaki Laïdi, politólogo y consejero de Valls cuando era primer ministro, escribió en 'Le Monde' (13-4-2017): “Estimulando a Manuel Valls a avanzar en la vía de las reformas sin amenazar nunca en serio a los frondeurs (los diputados críticos) ni clarificar sus posiciones, François Hollande convirtió el estallido político del PS en irremediable”. La justificación de Valls se basa precisamente en esa pasividad hacia quienes llegaron a plantearse presentar una moción de censura contra su propio Gobierno y votaron en contra o se abstuvieron en las reformas más polémicas del dúo Hollande-Valls.

El 6,36%  obtenido por uno de los 'frondeurs', Benoît Hamon, en la primera vuelta de las presidenciales es la expresión de la 'pasokización', en términos similares a lo que le ocurrió al partido socialista griego frente a la izquierda radical de Syriza. Los adversarios de Valls le acusan de “traición” y se ha iniciado ya el procedimiento para expulsarlo del partido. Hasta Macron se permite comentar en un reportaje de TF-1: “Si hay un traidor, si hay alguien que disparó a Hollande, es Valls”. Pero Macron también traicionó a Hollande, pese a que ahora el presidente saliente no se sienta traicionado. La diferencia es que lo hizo mejor. “Me ha traicionado con método”, confesó Hollande el 30 de agosto del año pasado, el día de la dimisión de Macron del Gobierno. La traición, por lo demás, es una vieja costumbre de la política francesa: Chirac traicionó a Giscard, Sarkozy a Chirac, y así sucesivamente.

El problema en el PS no es la traición, sino la falta de proyecto coherente

O sea, que el problema no es la traición, sino la falta de proyecto coherente. Ahora mismo, el PS es un partido balkanizado dividido en tres alas: los macronistas, partidarios de colaborar totalmente con el nuevo presidente; los hamonistas, favorables a hacer oposición desde la izquierda, y los legitimistas, es decir, la dirección, que defiende un proyecto autónomo que apoye a Macron en cuestiones concretas. De hecho, el programa que ha elaborado cara a las legislativas ha orillado o suavizado las propuestas más izquierdistas de Hamon (la renta básica universal, el impuesto a los robots o el no a las nucleares) y ha incluido proposiciones del programa de Macron.

 ¿Serán las legislativas el entierro del PS? Es difícil predecirlo, pero es lo más probable. Los tiempos son muy distintos y la victoria de Macron recompone todo el paisaje político, pero no está de más recordar que en 1993 el PS se hundió hasta 57 diputados (sobre 577) y cuatro años después ganó las elecciones.