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Mariano Rajoy, en la sesión de control del Congreso de este miércoles.

JOSE LUIS ROCA

Spinner en el Congreso

Carmen Juan

Gobierno y oposición se reparten reproches a diestro y siniestro, pero no nos llevan a ninguna parte

La última sesión de control al Gobierno ha sido como un 'spinner', ese juguete que nos tiene a todos enganchados haciéndolo girar en nuestros dedos. En teoría es antiestrés y ayuda a concentrarnos, pero lo único que logra es distraernos. Estamos dándole vueltas y vueltas a la corrupción y Gobierno y oposición se reparten reproches a diestro y siniestro, pero no nos llevan a ninguna parte.

No es de extrañar que Rajoy salga del Congreso huyendo de las preguntas de los periodistas porque dice que no puede estar cada día con lo mismo: la corrupción que enfanga a su partido y que le llevará a dar explicaciones directamente en el juzgado. Ante sus señorías, Rajoy se despacha con su desparpajo habitual y la cantinela del “pues anda que tú”. Rajoy devuelve pelotas como la pared de un frontón y defiende con su habitual cuajo al fiscal anticorrupciónManuel Moix, de quien asegura que es un "profesional con amplia y exitosa trayectoria" que actúa con "total independencia y plena responsabilidad". “Un tío serio y bueno, que si sale es cojonudo”, decían Ignacio González y Eduardo Zaplana en esa comprometida grabación, meses antes de que el expresidente de la Comunidad de Madrid fuera detenido, aunque notaba el aliento de la justicia en el cogote desde hacía tiempo.

La oposición pelotea en el Congreso contra el frontón y pide la dimisión del ministro  de Justicia, Rafael Catalá, la del Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, la del fiscal anticorrupción, Manuel Moix, la del secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto… ¡Por pedir que no quede! La respuesta es la habitual: Nanay.

El 'caso Lezo' es feo y se extiende como el moho negro en un lugar húmedo, con sus filtraciones incluidas. Afecta a los ministerios de Justicia e Interior y convierte a Moix en fiscal anticorrosión. Otro cortafuegos. De todos ellos, es José Antonio Nieto el que me despierta una cierta empatía. Si el secretario de Estado de Seguridad se hubiera reunido con Pablo González sabiendo que iba a ser imputado por la operación Lezo, y le hubiera explicado detalles de la investigación que acabaría con los hermanos González en la cárcel, Nieto habría cometido un delito, y lo sabe.  José Antonio Nieto es un actor de reparto en este peliculón de la operación Lezo. Está viviendo “una pesadilla” ¡Con lo bien que estaba en Córdoba, antes de que Juan Ignacio Zoido se lo llevará a Madrid para ser su segundo en Interior! A Nieto le acusan de ser el chivato de la operación Lezo. Él lo niega. “A Ignacio González ni lo conozco, ni es nadie”. Si hubiera sabido que Pablo González iba a ser imputado, añade Nieto, “me hubiera obligado a ser precavido”..... Al secretario de Estado de Seguridad solo le falta decir: “No es lo que parece, puedo explicarlo”, mientras intenta taparse el culo que le ha quedado al aire.

Lezo era cojo, manco y tuerto. Con la operación policial que lleva su nombre, el PP también ha empezado a perder piezas. La pregunta es ¿Quién será el siguiente?