04 abr 2020

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La clave

Le Pen, sonriente, en su acto electoral en Villepinte, cerca de París, el 1 de mayo.

REUTERS / CHARLES PLATIAU

Verstrynge y el fascismo

Neus Tomàs

¿Cómo alguien puede definirse de izquierdas y propugnar a la vez una abstención en las elecciones francesas cuando se trata de una lucha antifascista?

Yanis Varoufakis lo ha resumido mejor que nadie: «Soy antiglobalización y antineoliberal, pero por encima de todo, antifascista». ¿Acaso existe mejor argumento que este del exministro de finanzas griego para frenar a Marine Le Pen y todo lo que ella representa? ¿Cómo alguien puede definirse de izquierdas y propugnar a la vez una abstención en la segunda vuelta de las elecciones francesas cuando de lo que se trata es de luchar contra el fascismo

Las preguntas van dirigidas, evidentemente, a los seguidores de Jean-Luc Mélenchon, pero también a aquellos que aquí se escudan en una falsa y peligrosa equidistancia entre Le Pen y Macron. Empezando por la inquietante ambigüedad del número dos de Podemos, Pablo Echenique, y siguiendo por algunos de los gurús mediáticos de este partido. El más irritante es Jorge Verstrynge, quien hace unos días evidenció, otra vez, sus pocos principios y menos escrúpulos, al reconocer en La Sexta que para él la candidata fascista francesa no es un problema. Es más, subrayó que Le Pen representa el populismo de izquierdas que aquí encarna Podemos. Flaco favor. El mismo que le ha hecho ERC en la francesa Catalunya Nord a sus colegas de aquí al pedir el voto en blanco. 

LA ALTERNATIVA

Que a los electores de izquierdas no les guste Macron es normal. Lo contrario sería preocupante porque pese a que intente presentarse como un verso libre ha demostrado que el poder no debe temerle, que colaborará con la oligarquía como hasta ahora y que Angela Merkel tendrá en él un socio fiel. Pero al candidato centrista no se le puede acusar de ser complaciente con el terrorismo islamista, como hizo la líder del Frente Nacional en el debate a cara de perro que ambos protagonizaron el miércoles. Y tiene razón Macron cuando la acusa de fomentar el odio con un programa tan inconsistente como cargado de veneno. 

Así que, situados en la encrucijada y por más que el «pragmatismo» laboral que defiende el líder de ¡En Marcha! sea muy preocupante, la alternativa (y este domingo no hay otra) es el fascismo.