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Qué cara nos ha salido a todos los españoles la factura de la aprobación del presupuesto con la cesión al chantaje del Gobierno vasco

Qué cara se nos ha quedado a los esforzados miembros de la comisión de expertos que buscamos una reforma de la financiación autonómica objetivable y que encaje en las diferentes regiones y nacionalidades que componen el Estado español. Qué cara escribir como han hecho algunos medios loando la referencia a “esa actitud pragmática que escenifica lo mejor de la democracia” española. Qué cara de póquer ponen los de Ciudadanos, supuestos regeneradores de la vida política, contrarios al concierto, y ahora aliados pasivos del acuerdo.

Qué cara nos ha salido a todos los españoles la factura de la aprobación del presupuesto con la cesión al chantaje del Gobierno vasco para que el español pueda continuar la legislatura. Qué cara dura decir que cuando el pacto lo hacían otros suponía coartar la democracia con nocturnidad y alevosía para hoy ser prueba de “la grandeza política de la negociación y del pacto”. Silentes los Ibarras extremeños y durmiéndose en la barra los socialistas vascos, beligerantes antaño si los acuerdos y mangoneos se hacían con los catalanes.

Predicar lo que no se practica, querer para los demás lo que no se quiere para uno mismo, criticar cuando no se manda y aprovecharse de la situación cuando se está en el poder. Esto es a ojos de muchos ciudadanos lo que hacen con el concierto los partidos nacionalistas españoles, de derechas y de izquierdas, con los privilegios forales.

El espejo vasco para catalanes e insulares es hoy una financiación per cápita un 75% superior a la que tenemos. Supone disponer de toda la capacidad fiscal propia (de la que nosotros no disfrutamos) sin participar efectivamente en la nivelación de los otros (que nosotros hacemos de sobras) y contar ellos desde ahora con una cuota negativa (¡reciben en vez de contribuir!). Implica que los gobiernos renuncian a recursos en el Constitucional (la ley está claro que es interpretable) a cambio de paz política. Establece compromisos perdurables en un largo plazo de tiempo que no será probablemente siempre suyo. Se neglige más de una sentencia del Constitucional incumplida sobre el cupo y nadie se inmuta.

Todo esto y todavía más son hoy los fueros vascos interpretados desde los gobiernos de Aznar. Ajenos los vascos a las escaramuzas en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera, pasivos delante leyes de cohesión y calidad del sistema sanitario, y de otros esquemas de coordinación e integración "nacional", respecto de los cuales ellos miran hacia otro lado mientras siguen haciendo caja. Bravo.

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