Ríe, payaso

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Luis Enrique y Quique Sánchez flores, en Cornellà.

Luis Enrique y Quique Sánchez flores, en Cornellà. / JORDI COTRINA

Desde que Juanma Lillo dejó de dirigir para asesorar a Sampaoli en el banquillo del Sevilla, no quedan entrenadores que vayan dando bibliografía en sus ruedas de prensa. Así que hay que aplaudir el gesto de Quique Sánchez Flores, cuando el otro día, al preguntarle por la tradicional fotografía de entrenadores antes del derbi, dijo: «No hubo tiempo. Cuando me queda tiempo libre, se lo dedico al libro que estoy leyendo, que es fantástico». Luego, preguntado por el título, respondió: «El payaso que hay en ti. Me lo paso fenomenal».

Lo cierto es que el título parecía un dardo envenenado para comentar sus diferencias con Luis Enrique, un invento, pero resulta que sí existe. Su autora se llama Caroline Dream y el libro lleva un subtítulo esclarecedor: «Sé payaso, sé tú mismo». Lo que está estudiando Quique, pues, es el carácter juguetón que llevamos dentro, el espíritu lúdico como motor para conseguir el éxito en todo lo que haces.

A la vista de los resultados conseguidos por el Espanyol esta temporada, quizá no es una mala idea. En el circo de futbol, siempre habíamos creído que los futbolistas eran los leones que el entrenador debía domar –perdón por apurar tanto la metáfora–, pero ahora resulta que quizá hay que verlos como los payasos que nos hacen reír y nos emocionan.

Al límite de la broma

Pensándolo bien, sería curioso ver un partido en el que todos los jugadores llevaran una nariz roja. El árbitro, claro, sería el carablanca, vestido de pierrot y con su gesto siempre autoritario. Seguro que el juego tendría otro aire, más liviano y callejero, y algunas jugadas nos permitirían reír abiertamente y sin tanta trascendencia. Un pase mal resuelto o un error como los que ayer aprovechó Luis Suárez, por ejemplo, al límite de la broma y la compasión por el defensa...

Quique Sánchez Flores y Luis Enrique pertenecen a la última generación que vio a los Payasos de la Tele -–igual que un servidor– y que cantó canciones como Mi barba tiene tres pelos, Chinito de amor o Dale, Ramón, ese himno del futbol que en el fondo contaba la historia de los dos entrenadores: «Dale Ramón, dale Ramón... chuta más fuerte para ver si metes gol». El tal Ramón, como ellos, terminaba jugando en primera división y luego con la selección. 

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El mundo es extraño. En la semana en que los culés hemos visto como un jeque árabe nos llamaba «escoria», ayer seguimos el partido bajo el influjo de El payaso que hay en ti. En la primera parte hubo pocas bromas, pero en la segunda el Barça adoptó el aire amenazador de Ronald, el payaso de McDonald’s, y el Espanyol se convirtió en el típico payaso triste de los cuadros más kitsch. 

En la rueda de prensa posterior, a Luis Enrique le faltó un poco de ingenio. Quizá debería haber entonado el aria de la ópera Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo. Con lágrimas en los ojos, cantar como un Pavarotti: «Ríe, payaso, transforma en risas el sufrimiento y el llanto... ¡Ríe del dolor que te envenena el corazón!».