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La cárcel, ese punto de llegada

Joaquim Coll

Los incontables casos corrupción del PP responden a una sola causa: la herencia del aznarato.

Puntualiza el escritor Félix de Azúa en 'Nuevas lecturas compulsivas' que, en realidad, “no hay camino sin punto de llegada”. Lo que no lleva a ningún sitio no es un camino, sino una cinta continua como la de los gimnasios, argumenta. Viendo entrar esta semana en la cárcel de Soto del Real a Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid, y al primogénito de los Pujol está claro que la corrupción es un camino que solo tiene un punto de llegada, la cárcel, antes o después. De lo contrario se convierte en una cinta de paseo para el corrupto y, por debajo, en una máquina trituradora para la sociedad. Es normal que nos escandalicemos ante esas noticias, pero sobre todo celebrémoslas porque significa que el viaje de la corrupción se ha dado de bruces con su meta. Soto del Real se ha convertido en un centro penitenciario VIP, no tanto por sus mayores comodidades, como por recibir a “ilustres corruptos” financieros o políticos que han encontrado allí el fin de su camino, desde el banquero Mario Conde al famoso extesorero del PP, Luis Bárcenas, pasando por el dueño de Marsans y expresidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferran, o Lluís Prenafeta y Macià Alavedra, comisionistas y estrechos colaboradores de cuando Pujol padre mandaba en la Generalitat.

Por desgracia, la corrupción sobrevuela ahora mismo todo lo que ocurre en Madrid y Barcelona. El PP está con la soga al cuello por sus incontables casos que, en realidad, responden a una sola causa: la herencia del aznarato. Es probable que Mariano Rajoy sobreviva a esta nueva oleada de descredito, pero la corrupción que no cesa en las filas de su partido, y de la que él es responsable por lo menos 'in vigilando',  debilita enormemente su acción de Gobierno. La buena marcha económica, que sigue injustamente sin trasladarse a los salarios, está amenazada tanto por la corrupción, que nos devuelve a un escenario de inestabilidad política, como por el coletazo final del proceso separatista. Son dos líneas que probablemente acabarán cruzándose en un mismo punto de llegada, con todo el peso de la ley.

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