Dos miradas

La trampa

El independentismo, quizá obnubilado por una oportunidad histórica, ha permitido que los corruptos utilicen su causa

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Oriol Junqueras y Carles Puigdemont se dirigen a una reunión del Consell Executiu, el pasado 25 de abril.

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont se dirigen a una reunión del Consell Executiu, el pasado 25 de abril. / JORDI BEDMAR

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El final del 'procés' debería estar próximo, pero rige el desconcierto. Se promete un referéndum para el que no hay fecha ni pregunta ni información de cómo se hará. Inconcebible en democracia. La tensión crece entre los socios del Gobierno catalán y entre este y las entidades soberanistas. ANC y Òmnium ya han anunciado que no aceptarán un nuevo 9-N. Entre PDECat y ERC anida la desconfianza. Y una CUP coherente exige pregunta y fecha. La gestualidad se exagera. La construcción del enemigo exterior llega a la calumnia. Y sí, es cierto, no hay altura de miras ni sentido de Estado en el Gobierno central. Optar por la vía judicial y negar el diálogo es impropio de la política. Pero su ineptitud y su bajeza no excusan las trampas del 'procés'.

El independentismo, quizá obnubilado por una oportunidad histórica, ha permitido que los corruptos utilicen su causa. Así como las empresas hacen donaciones para desgravar, la 'estelada' ha resultado una estrategia encubridora o lucrativa para demasiados. Vividores y oportunistas se han convertido en voceros del negocio. Se ha retorcido la historia hasta ajustarla al guion y en las calles se ha gritado independencia, mientras su eco ensordecía el lamento de las víctimas de la estafa de la crisis. La causa es honesta para muchos, pero ha servido de coartada para la indignidad. Muchos de los que la alientan, reconocen en privado su incapacidad para llegar a puerto. Algún día, deberán rendir cuentas.