Ir a contenido

IDEAS

Eli Pariser, durante una conferencia.

Google te quiere demasiado

Miqui Otero

Volvía de dar clase cuando, a la altura de Volpelleres, escuché un diálogo en el vagón del ferrocarril. "A mí es que leer me aburre, la verdad", dijo una estudiante, mientras jugueteaba con la goma de la carpeta de la Universitat Autònoma, "en cambio, escribir me flipa". "¿Por qué?", contestó su amigo, que la devoraba con ojos ávidos de coprotagonizar toda la autobiografía de ella. Respuesta: "Pues porque cuando leo no hablan de mí, pero cuando escribo puedo decir lo que me pasa y ser la 'prota'".

A mí, que me gano la vida escribiendo, me pasa lo contrario: me gusta más leer. Y también escuchar, que es una forma primitiva de leer. Es más, querría ser el Laertes de 'Hamlet', a quien recomiendan: "A todos presta oídos; tu voz, a pocos".

Volvemos a un universo ptolemaico en el que el sol gira a nuestro alrededor; perdemos ermpatía y no dudamos de nuestras certezas

Pensé entonces en 'El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos', un ensayo reciente donde Eli Pariser plantea la idea de que vivimos en una burbuja de filtros donde solo entra aquello que nos interesa. Explica cómo en el 2009 Google empezó a personalizar los resultados de las búsquedas. Desde entonces, si tú y tu mejor amigo (y ya no digamos una señora de Indonesia o un anciano de Mauritania) ponéis la misma palabra en el buscador, los resultados serán diferentes. ¿Por qué? Porque con cada 'link' que has clicado, un algoritmo se ha hecho una imagen de ti para que Facebook o Google puedan monetizar con su publicidad orientada tus hipocondrias o curiosidades. Angostar los límites de tu mundo, sirviéndote anuncios y opiniones a medida. Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, dijo un día: "Saber que una ardilla muere delante de tu casa puede ser más relevante para tus intereses que el hecho de que la gente se muera en África".

Volvemos así a un universo ptolemaico en el que el sol gira a nuestro alrededor. Así perdemos empatía y no dudamos de nuestras certezas. Así pensamos, en versos de Parálisis Permanente: "Me miro en el espejo y soy feliz / y no pienso nunca nadie más que en mí / Leo libros que no entiendo más que yo / oigo cintas que he grabado con mi voz". Así creemos, como Tiresias: "Solo yo tengo razón. Los demás deliran". 

Temas: Google

0 Comentarios
cargando