Periodista
Profesor de ESADE Business and Law School (URL)
CARLOS OBESO
Nuevos trabajos
La 'gig economy' es la economía de los pequeños encargos o 'de los bolos'
El trabajo a tiempo completo, aunque en declive, es el pilar sobre el que se articula el mercado laboral. Sobre él se elaboran proyectos como la Reforma Horaria, o se adquieren derechos, como la prestación por desempleo. Pero, entre sus costuras, está creciendo, a veces parasitariamente, la 'gig economy', la economía de los pequeños encargos o “de los bolos”, donde una persona es contratada por una empresa mediadora para una actividad de corta duración a la que aporta sus conocimientos y/o propiedades; asume los gastos de la actividad (seguridad social etc.), y cobra una tarifa estipulada previo pago de un porcentaje a la empresa mediadora”. El trabajador decide (en teoría) cuándo activarse para realizar un servicio. El actor clave es la empresa intermediaria, cuyo activo intangible es su capacidad de intermediación.
Las modalidades de la “economía de bolos” son diversas, por ejemplo: transportar personas utilizando vehículo propio (Uber, BlaBlacar); alquilarlo (Social Car); alquilar o compartir viviendas (Airbnb); transportar alimentos (Deliveroo); hacer trabajos de corta duración vía plataformas on-line (UpWork, PeoplePerHour) o vender on-line (Ebay).
¿Quién trabaja en esta economía? Si nos basamos en el informe de la CIPD (2017) 'To gig or not to gig?' y, con todas las cautelas, parecería que alrededor del 4%-5% de la población activa está involucrada de alguna manera. De estos, un 67% tienen un trabajo regular que “complementan” con su actividad en la ¡gig economy¡. En ella, muchos trabajadores están por periodos cortos de tiempo, buscando alcanzar objetivos económicos a corto plazo (pagarse un viaje, cubrir una deuda, etcétera). Aunque lo salarios de la 'gig economy' son bajos, de los que dicen trabajar en ella a tiempo completo, un 30% están muy satisfechos con la remuneración que reciben, tratándose, en general, de personas muy cualificadas que “encajan” en las demandas de alto nivel vía plataformas 'on line' (de momento mínimas, pero en ascenso). El nivel de satisfacción del trabajo es correcto, pero sólo entre quienes lo compatibilizan con trabajos “regulares” o buscan ingresos a corto plazo. No es, por tanto, salvo minorías, una alternativa real al trabajo “clásico”. Todas las edades están presentes, aunque los jóvenes sean mayoría en el transporte de “cosas” (en Deliveroo muchos pedalean) mientras la edad media y alta sea predominante en trabajos vía plataformas on line.
La economía 'gig', aunque hoy día sea marginal, tiene una altísima capacidad para crecer. También tiene muchos elementos positivos como facilitar la incorporación al mundo del trabajo de colectivos con posibilidad de dedicación laboral limitada, pero, al mismo tiempo, está trastocando de raíz el mercado laboral y sus principios subyacentes desde la revolución industrial. Cómo aprovechar sus ventajas sin que el precio sea el incremento de la precariedad y la incertidumbre laboral es el gran reto.
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